LA INFORMACION DE ALHAURIN DE LA TORRE EN INTERNET DIRECTOR:JESÚS MANUEL CASTILLO RAMOS
LA INFORMACION DE ALHAURIN DE LA TORRE EN INTERNETDIRECTOR:JESÚS MANUEL CASTILLO RAMOS

EL CALOR DE LOS SUEÑOS EN UNA CIUDAD VIVA

 

27.07.2017 Rafael Guardiola Un singular hormiguero humano se apoderó la tarde-noche de ayer,  viernes 21 de abril, de “La Térmica”, el centro de creación y producción cultural contemporánea de Málaga, institución que se ha convertido en un referente por derecho propio de la vida ciudadana. “La Noche de los Libros” rindió un homenaje al mundo gestado en el vientre de la escritura, aunque sólo sea para llevarle la contra a los artífices del terror, el odio y el resentimiento, dentro y fuera de la estructura de los estados de las sociedades industriales avanzadas. La narrativa, la música, la poesía, el ensayo, el teatro,  la literatura infantil y las artes plásticas se dieron de la mano para subrayar un hecho incuestionable: la gozosa presencia y protagonismo de los hijos de la imprenta en el siglo XXI. Les confieso que el hormiguero humano que, en ocasiones, podía aturdir al visitante y que me recordó vivamente a las aglomeraciones de los transportes públicos de Madrid, la ciudad en la que nací hace tantos años que ni me acuerdo, en plena hora punta, no me resultaba alienante. Me traía a la memoria aquellas huérfanas tardes de domingo en las que gozaba fundiéndome con el lento movimiento de la masa en las aceras de la Gran Vía madrileña, a la salida de las sesiones numeradas de los cines en el siglo pasado, con objeto de paliar los efectos negativos de la soledad–a veces involuntaria, a veces deliberada- o un exceso de vida reflexiva. Es éste un buen ejercicio para subrayar la propia identidad y calmar la llamada de la sociabilidad, buscando sonrisas a cada paso, miradas cómplices, lágrimas perdidas en el asfalto, los signos de la preocupación y la pobreza material o de espíritu. Los sentidos se aturden pero, en ocasiones, quedan anestesiados por la belleza de lo humano, en la que tiene también un lugar reservado el sudor y el almizcle, el ruido y el vértigo de la velocidad, y hasta el calor de los sueños.

 

Las colas generosas que nos consumen de ordinario no parecían ayer un oneroso obstáculo para los espíritus libres. A mis espaldas, ciudadanos sedientos del dulce alimento de las ideas dialogaban sobre libros, sobre la codificación del ruido que es la música, sobre películas, sobre los elementos arquitectónicos y decorativos sincréticos del antiguo orfanato que nos había abierto sus puertas. La ciudad estaba viva y yo podría escuchar sus latidos con fuerza. Se me antojaba que el hormiguero hacía así acopio de alimento para el invierno, para la noche en la que todos los gatos son pardos y en la que reina la estupidez supina de nuestros emperadores del momento, de Trump, Putin, Xi Jinping y tantos otros, estulticia que amenaza con relegar a los museos las conquistas de la democracia de mis amados griegos. Porque, como comentaba el economista Juan Torres en las redes sociales, tras el lanzamiento de la mayor bomba no nuclear en tierras afganas: “cuesta trabajo creer que mañana puede empezar la III Guerra Mundial y todo siga transcurriendo como si nada. Siento más tristeza que miedo”. Gracias a los libros y a la lenta procesión del hormiguero humano, también había tiempo para la alegría y los placeres de los sentidos, la imaginación y el entendimiento.

 

El italiano Nuccio Ordine, con su imagen elegante e imponente, profesor de prestigiosas universidades y experto en el pensamiento del Renacimiento, clamó por la “utilidad de lo inútil”, oxímoron que sirve de título a su conocido libro publicado en España el 2013. Sus reflexiones sintonizan con otras manifestaciones, como las de la filósofa norteamericana Martha Nussbaum en su celebrada obra Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, publicado tres años antes, obra de la que he hablado en este medio en otra ocasión. Para Nuccio Ordine los planes educativos actuales de muchos países occidentales han expulsado o dejado de financiar a un destacado conjunto de saberes humanísticos y científicos –o han tenido la tentación de hacerlo-, por considerarlos “inútiles”. Muy al contrario, se trata de saberes imprescindibles y el criterio utilitarista no genera la universalidad y necesidad del imperativo categórico kantiano, sino que colabora con la barbarie y la perversión de la egoísta aspiración al beneficio que impone su imperio en los tiempos presentes. ¿Y si las preguntas fueran más importantes que las respuestas? El utilitarismo que destilan formas de pensamiento tan influyentes en el mundo anglosajón de nuestros días, como el pragmatismo americano, contempla la racionalidad con los ojos del modelo matemático, con el firme propósito de abordar la solución de problemas. Aunque se sustituya esta actitud, esta perspectiva epistemológica dominante por la consecución de “objetivos” –eliminando los vestigios pesimistas de la palabra “problema”-, el pensamiento en boga encuentra su expresión arquetípica en los libros de autoayuda, libros que nos lo dan todo hecho (y de paso, nos recuerdan las cosas que hacemos “rematadamente mal”).

 

La filosofía, tal y como yo la entiendo, tiene poco que ver con este recetario pseudocientífico y moralista que se ha apoderado de los cerebros bienpensantes y amenaza con convertirse en “la voz de su amo”. Pues, como afirma el filósofo francés Michel Onfray, el autor del polémico Tratado de ateología (2005), en una entrevista reciente, “devolver la filosofía a la calle no es hacer la calle”. Comparto el tono hedonista y libertario de Onfray, y su decisión a la hora de elevar la consideración de la filosofía como un saber “de altura” y, al mismo tiempo, más pendiente de la claridad y la simplicidad que de la sacralización idealista de los conceptos. Griegos y romanos consideraban la filosofía como un saber popular, dado que se trata de “saber vivir”, del arte que nos pone en el camino de aprender a vivir bien. Siguiendo el planteamiento del filósofo y gran humanista Pierre Hadot, Onfray nos recuerda el cambio de timón que perpetraron el Cristianismo y “los buscadores de tres pies al gato”, cuando la filosofía se convirtió en “un asunto de curas encerrados en sus gabinetes, de técnicos anclados a sus escritorios, de profesores intoxicados por sus bibliotecas”, es decir, en una cuestión de “teoría”, de vanas y altivas especulaciones, paridas como dibujos en el aire. Pensar y vivir el pensamiento, esa es la alternativa. Y tal vez, como postulaba Platón, que el gobernante fuera el filósofo o, sin ser tan exigentes, “que los gobernantes supieran más filosofía”, como afirma en una entrevista publicada en el ABC de Sevilla el pasado día 16 de abril el filósofo sevillanoJosé Barrientos y poner en cuarentena la actividad de muchos practicantes del coaching y la autoayuda. Barrientos y Onfray simpatizan con la Práctica Filosófica, con una filosofía que ayuda a grupos o personas particulares a profundizar en aspectos importantes de su vida. “La filosofía práctica –afirma el profesor Barrientos-no pretende curar a nadie ni solucionar su vida, sino que la vida de la persona tenga más peso.

 

                Aquí es donde entra en juego “mi vida en el arte”, parafraseando el título de un libro del genial actor, director escénico y pedagogo teatral ruso Konstantín Stanislavski, (1863-1938), un texto que me influyó poderosamente en la adolescencia, cuando el teatro comenzaba a ser una de mis grandes pasiones. Seguramente, el hecho de que mis padres fueran músicos hizo que pronto simpatizase con las tesis del filósofo alemán Herbert Marcuse acerca del valor emancipatorio del arte. La creatividad artística nos libera de la servidumbre y la opresión del mundo de la razón unidimensional, de los imperativos hipotéticos, de la “acción instrumental” que hace las delicias del pragmatismo triunfante. Este es también el hilo argumental, aunque en clave terapéutica, como “método salvífico” para enfrentarse a la enfermedad mental provocada por traumas severos de la infancia, como es el caso de la violación, que esgrimió el pianista y escritor James Rhodes (Londres, 1975), en su intervención en “La Noche de los Libros”, en diálogo con la periodista y escritora Silvia Grijalba. El autor de Instrumental. Memorias de música, medicina y locura–libro del que ha vendido más de 75.000 ejemplares- alcanzó gran notoriedad en España al ser entrevistado en diciembre de 2016 por Jordi Évole en el programa “Salvados”, y sus reflexiones despertaron mi curiosidad gracias a los comentarios de mi amiga Isabel García y de su hija Alba. Hoy he sido plenamente consciente de que gracias a la música, James Rhodes, mi padre –que nació, como Kant, un 22 de abril-, y yo mismo, logramos la tan ansiada “atención plena” que persiguen los practicantes de ese trasunto occidental de la meditación del budismo tibetano que se conoce como “Mindfulness”. Con la vida en la música es fácil dejar de pensar, romper hábitos automatizados y apartar de nosotros–aunque sea sólo momentáneamente- los efectos perniciosos de las emociones negativas, de ese torrente de sentimientos que nos esclavizan o nos restan autonomía. James Rhodes está convencido de que no hay mejor remedio para la locura que la locura del arte, sobre todo si se trata de las obras para piano de Beethoven, Bach o Chopin. Y no creo que piense que haya que tatuarse en el brazo el nombre del genial Sergéi Rachmaninov en alfabeto cirílico necesariamente para alcanzar la mayoría de edad en materia filosófica. ¡Sapere aude!

UNA MAÑANA ESTUPENDA

 

20.03.2017  Antonio Villalba Moreno El despertador no sonó, así que cuando los primeros rayos de luz atravesaron mi persiana reflejándose en mi dormido rostro salté de la cama buscando mi ropa apresuradamente. No quise desayunar sabiendo lo que ello implica, a saber: me cuesta concentrarme si antes no he tomado un café bien cargadito, cosa que hago cada mañana sin falta.

 

Me metí en mi coche y cuál fue mi sorpresa que al intentar arrancar la llave no hizo contacto: me quedé sin batería. Maldije en arameo  durante un buen rato ¿alguien sabe esa lengua? Pensé en llamar a un compañero que vive cerca de casa pero viendo la hora que era sabía que el tal susodicho estaba en la oficina comentando el partido de la noche anterior.

 

El coche de mi mujer fue el sacrificado, le dejé una nota y lo cogí alegando males mayores y asegurando que me llegaría a comprar una batería sin falta. Al salir del garaje poco faltó para atropellar a una anciana a la que no vi porque estaba familiarizándome con el vehículo que no acostumbro a conducir.

 

A los pocos minutos el tiempo cambió. Había amanecido con sol pero unas nubes no muy halagüeñas estaban apoderándose del cielo y ocurrió lo que habían previsto los sabelotodos de mi oficina: comenzó a llover. Me encanta la lluvia. No me gustan los atascos. Ambas premisas son incompatibles, sobre todo un día laboral y en hora punta, así que se formó una buena, me vi inmerso en un monumental embotellamiento. El móvil me lo había dejado en mi casa y la radio del coche de mi mujer no funcionaba. Los nervios a flor de piel y allí en medio de ese maremágnum me fui abandonando a otro tiempo lejano, cuando era pequeño, cuando en el pueblo apenas había coches. Allí estaba, otra vez en mi calle, con mi hermano, con mis amigos.

 

Formábamos los equipos en cuanto el último coche había salido y la calle se quedaba despejada, entonces teníamos un buen rato para jugar. Dos piedras y dos chaquetones bien doblados hacían las veces de porterías. El balón estaba recién estrenado, los jugadores preparados y el partido a punto de empezar. Al cabo de una media hora alguna madre lo interrumpía para enviar a uno de sus hijos por algún “mandao” a una de las tiendas cercanas. La mía, tan prudente como siempre, y, en vistas a la mirada que le echaba, procuraba que el partido estuviera finalizado o incluso se acercaba ella a comprar los pimientos, las cebollas o la barra de pan de turno.

 

Si no había partido me importaba menos ir a cualquier tienda con mi talega bajo el brazo a pesar de que luego tuviera que esperar una cola que en lugar de menguar, crecía. Esto era así simplemente porque las vecinas aprovechaban la presencia de un niño tímido para colarse descaradamente y como yo no era capaz de protestar,  esperaba a que alguna santa mujer tuviera la delicadeza de reparar en mí “Pero Pepe, despacha al niño que lleva aquí media hora”.

 

"Por favor, señor, circule" Un policía local me gritó esas palabras, con aire chulesco. Yo volví a la realidad desde un pasado lejano con la firme intención de recuperar esos momentos infantiles con más asiduidad. Llegué a la oficina una hora tarde. Mis compañeros, con algo de sorna, me preguntaron "¿qué  tal el día?", yo respondí a todos con una sonrisa de oreja a oreja:

 

— Está siendo una mañana estupenda.

 

 

 

PIENSE USTED LO QUE QUIERA PERO PIENSELO

 

19.03.2017 Rafael Guardiola Atrás quedó el  veintitrés de febrero, una de las fechas clave en la trepanación del cráneo del sistema democrático español sin fines terapéuticos. No obstante, la fecha me permitió celebrar con los melómanos de pro, por todo lo alto, con orgullo y satisfacción, el nacimiento de George FridericHändel, ese gigante del barroco que aspiraba, con su música solemne, alegre y galante, a ir más allá del mero entretenimiento del receptor, pues pretendía hacernos mejores, provocar una transformación en nuestra manera de leer el mapa de la existencia en este mundo cruel. Es ésta también una de las viejas aspiraciones de la filosofía, entendida como modo de vida y no sólo como juego académico altamente intelectualizado.

 

                El joven profesor malagueño Sebastián Gámez Millán nos ha hecho un precioso regalo con su último libro titulado 100 filósofos y pensadores españoles y latinoamericanos, publicado recientemente con sumo esmero por la editorial IlusBooks. Este “pequeño tesoro” como lo calificó el profesor de la Universidad de Málaga Enrique Baena, es un auténtico filón para quien, como yo, goza con el singular acto de la escritura. Y es que, como afirma el profesor Gámez, la escritura es un medio idóneo para articular y explicitar el pensamiento, así como para el reconocimiento y la exploración cognitiva. El libro de mi amigo Sebastián me ha facilitado sobremanera mis investigaciones y exploraciones (especialmente las que hago en mi maltrecho cerebro, casi tan trepanado como el poder judicial, a la vista de las últimas sentencias). Haciendo uso y abuso de las citas centrales que aparecen en cada una de las certeras entradas de esta pequeña enciclopedia del pensamiento hispánico, me dispongo a perpetrar un delito académico con tintes satánicos apropiándome de las ideas de otros para intentar mover a la reflexión a la ciudadanía sobre cosas harto enjundiosas. Seré su escriba y, en el mejor de los casos, un mensajero de los placeres del entendimiento. Dejo a ustedes la labor de extraer las consecuencias de mi collage “dadaísta” e indagar sobre la vida y milagros de los autores violentados por mi procaz verbo.

 

                El filósofo Fernando Savaternos anima a iniciar y continuar esta reflexión: “Piense usted lo que quiera, pero piénselo”, teniendo en cuenta que “filosófico es el preguntar, y poético el hallazgo” (María Zambrano). Pues “el hombre viene al mundo y no sabe por qué “(IbnGabirol) y “la inmortalidad dura mientras uno está vivo” (Manuel Alcántara). No obstante, conviene tener en cuenta que “vivimos dramáticamente -escribe Santayana- en un mundo que no es dramático. Tal vez sea así porque “se nos enseña a muchas cosas, menos a pensar y a vivir” (Giner de los Ríos).  Y a pesar de lo que se suele pensar habitualmente, “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” (Gabriel García Márquez).

 

“La duda es uno de los nombres de la inteligencia”, escribe Jorge Luis Borges, el punto de partida inevitable, según San Agustín y Descartes, para que levante el vuelo la reflexión racional y el antídoto adecuado para el dogmatismo más pacato. No es de extrañar que el cordobés Maimónides nos haga la siguiente recomendación, para aplacar a nuestro ego: “enseña a tu lengua a decir “No se””.El hecho de reconocer, con Sócrates, que “sólo sabemos que no sabemos nada” y que “la verdadera ciencia enseña a dudar y a ser ignorante” (Unamuno), nos permite valorar la filosofía como aquel conocimiento que “configura y modela el espíritu, ordena la vida, rige las acciones” (Séneca). Y es preciso protegerse, con el sólido escudo de la racionalidad, porque “el corazón del hombre necesita creer en algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer” (Larra). En el siglo XVIII, por ejemplo, se hablaba de la conspiración de los clérigos y muchos pensaban que su sistema de creencias formaba parte de una mentira deliberada fabricada por los que ostentaban el poder y pugnaban por mantenerse perpetuamente en él. Algo muy diferente pensaba sobre la religión el ilustre Ibn Arabí: “mi religión es el amor”. Y hablando de amores, no conviene desdeñar la visión, algo más mundana y racional, del poeta Antonio Machado: “el amor a la verdad es el más noble de todos los amores”, nos dice, aunque conviene corregir sus excesos por cuestiones de salud. Por este motivo, y siguiendo al filósofo José Gaos, se podría afirmar que “si nos dirigiese siempre puramente la razón, la vida sería apacible, pero melancólica”.

 

Como a Santiago Ramón y Cajal, “me devora la sed insaciable de libertad y de emociones novísimas”, pero pienso que “estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás” (Fray Luis de León). Por todo ello, y tras este recorrido textual, me reconozco en una ¿difícil? síntesis de libertad y emociones: “conócete en mí”, afirma Santa Teresa de Jesús, por un lado; y  proclama Manuel Azaña con firmeza: “la libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres”. Toda una invitación a pensar, a disfrutar de las voces autorizadas del pasado y del presente de la cultura hispánica sin resabios casticistas, y a pasar del “yo” al “nosotros”, manteniendo viva la memoria frente a los dictados de la “sociedad líquida” y la inquietante rebelión de las máquinas por la que suspiran tantos. Piensen ustedes lo que quieran, pero piénsenlo.

               

                

OPERACIÓN CATALUÑA

 

19.03.2017  Joaquín Ramírez La pretendida y cada día más remota secesión catalana de los “Junts pel si” ha entrado definitivamente en otra fase. La calma constitucional de Rajoy, su gobierno, la oposición responsable y el funcionamiento de las instituciones del Estado, están dejando sin aliento a este grupo de dirigentes realmente imaginativo y, hasta aquí, pletórico de recursos estratégicos de todo orden. El referéndum de la marmota -del referéndum al referéndum-, desautorizado ya expresamente por el Tribunal Constitucional, ha sido varado. Hay que buscar dónde asirse con urgencia. Por ello, los Mas, Rufián, Vidal, Tardá y demás compañeros “mártires”, parecen haber pactado la idea de referirse a una conspiración del estado con visos hasta de violencia. Le han llamado “operación Cataluña”… Hay que identificar al enemigo y adjudicarle conductas, planes e intenciones, para conseguir adeptos y militantes indignados activos, aunque todo sea mentira. Nada importa, si es por una “buena causa”. La desafección por la independencia comienza a hacer mella en quienes están empezando a perder, el drama se acerca a su desenlace, porque el tiempo, las razones y las falsas explicaciones, se acaban.

 

Operación Cataluña no es sólo el fallido invento de los que buscan armas de destrucción secesionista masiva entre los escaños, las comisarías y las plazas, puede ser la denominación de un momento nacional que finaliza y a todos y en todo el territorio patrio nos ha rodeado. Por ejemplo, en medio del rabioso Brexit, Gibraltar se conmueve ante un futuro desconocido. Los llanitos identifican su “patriotismo” también con su alto nivel de vida. Son señores del Campo de Gibraltar, entran y salen a su antojo como el resto de españoles, pero con mando privativo en la roca.

 

Mimetizarse con los territorios que le circundan sería muy pernicioso económicamente para los británicos de la provincia de Cádiz. Nadie quiere renunciar a sus privilegios, y más si éstos son norma en los últimos cien años.

 

Operación Cataluña es también el fin de una época que marca la sentencia del llamado “Caso Nóos”. En ella, la prevención judicial está claro que se excedió, directamente influenciada por la defraudada presión ciudadana, sentando en el banquillo a muchos más de los que pudieran merecerlo.Incluso la expectativa penal de los encausados fue mucho más allá de lo que la lógica y la proporción demandaban. Las aguas vuelven a su cauce para que cada cual haga frente a su futuro, unos preparándose para penar y otros restañando sus heridas y volviendo a la normalidad de sus vidas. Sorprende, eso sí, la española capacidad para tildar de blandas las condenas ajenas, desde luego, nunca nadie se pone en el lugar de nadie, y en nuestro país menos que en ningún sitio.

 

En esta operación realmente compleja, a un lado del camino, queda el empeño –también sintomático- de juzgar al presidente de Murcia por una acción no llevada a cabo nunca. Pero para la que, entiende el instructor, hubo reuniones preparatorias e indicios racionales de una presuntamente favorable posición psicológica. Hay muchas preguntas. ¿Llegó a proponerse mentalmente Pedro Antonio Sánchez encargar un contrato a una determinada empresa para pagar con fondos públicos la limpieza y el buen posicionamiento de la Consejería de Educación siendo su calculada intención favorecer su curriculum y su perfil en las redes sociales? ¿Quiso Pedro Antonio Sánchez, en la intimidad de sus pensamientos, tomar la decisión de contratar a la citada con esta premisa ilegítima? ¿Fue muy intensa la decisión mental? ¿En qué graduación del 1 al 10? ¿Llegó a pensarlo con fuerza? ¿Lo tuvo en su cabeza muchos días? ¿Cuántos?... No existen grabaciones de los pensamientos, tampoco testigos, un pensamiento, si lo es, no se puede decir que sea un intento.

 

Tampoco podría probarse. Y, si efectivamente alguien piensa en hacer lo que en derecho se prohíbe, ¿es reprochable jurídicamente aunque nunca se lleve a cabo? ¿Se puede juzgar la intención de lo no producido ni intentado producir?

 

Es la “Operación Cataluña”, el santo y seña de unos años en los que vivimos peligrosamente una espectacular crisis económica fuertemente salpicada por vergonzosos episodios de corrupción con la psicosis generalizada de mucho más y con el fuego de todas las dudas aventado por crédulos, capciosos, inocentes, conspiradores e inventores. Hubo lo que hubo y toca a su fin. Operación Cataluña es un buen título, pero nunca existió.

NOCHES DE FUTBOL

 

12.02.2017 Antonio Villalba De niño, en las noches veraniegas, me fascinaba encender la radio enorme que teníamos en la cocina. Recuerdo un torneo veraniego, creo que era el Carranza. Mis padres ya se habían acostado, mis hermanos veían la tele y yo, pegando el oído al gran mamotreto, buscaba un dial donde poder seguir el partido del Athletic. Lo conseguí a duras penas. Justo en el momento en que Dani, aquel pequeño extremo que lanzaba los penaltis con paradinha, marcaba un gol.

 

Escuchaba la información a través de un comentarista apasionado, imaginándome las jugadas de mis héroes: Rojo, Guisasola o Madariaga, luchando contra los contrarios. No sé si esa noche que ahora recuerdo, el Bilbao, como decíamos entonces, jugaba contra un conjunto brasileño o era contra uno de los equipos de Madrid.

 

Yo abandoné la narración del partido con empate a uno, cuando la voz de mi padre sonó en el dormitorio, seca y autoritaria, ordenando que nos acostáramos, que tenía que levantarse temprano al día siguiente y no lo dejábamos descansar. Tuve que obedecer de inmediato, al igual que mis hermanos, que apagaron el televisor.

 

Ya, en nuestro dormitorio, narraba a José Carlos el partido que estaba imaginando. Mientras él atendía a mis palabras con la boca abierta y las cejas enarcadas,  yo lo adornaba con tiros al poste, penaltis parados por Iríbar, y el golazo que Dani había marcado. A la mañana siguiente pude comprobar en un periódico deportivo que mi Bilbao había perdido por dos a uno.

 

No sé el motivo de que aquella noche junto a la radio me venga ahora, cuando somos capaces de saber, escuchar y/o ver en el mismo momento cualquier partido, por insignificante que sea. Quizá para añorar la ilusión infantil, quizá para comparar la diferencia entre los años setenta y los de la actualidad, donde la inmediatez impera en todo el momento. Quizá para reivindicar el encanto de los torneos veraniegos de aquellos años.

 

Ahora busco en Google si a mitad de los setenta, el Athletic jugó alguna edición del Carranza, y veo que en 1976 la jugó y perdió contra el Atlético de Madrid, pero fue uno a cero. ¿Dónde está ese gol de Dani? Entonces pienso cómo la memoria te juega “buenas pasadas” para hacerte disfrutar de momentos dulces como aquellos, aunque tu equipo en lugar de jugar el Carranza fuera  en el Teresa Herrera o el Villa de Madrid.

 

Le doy a leer los párrafos anteriores a mi hijo y me comenta que le gusta, pero que él, si escribiera como yo, lo haría sobre la gesta de su equipo, el Málaga, hace cuatro temporadas, cuando llegó a los cuartos de final de la Champions y fue eliminado de manera cruel e injusta (tras un gol en fuera de juego de tres jugadores en el último minuto del descuento) en Alemania, contra el Borussia.

 

Le respondo  que lo intente, y si lo hace, que se acuerde del momento tan emocionante cuando sonaba el himno de la Champions en la Rosaleda en el partido de ida, o mejor, cuando el Málaga remontó un gol en contra del otrora campeón de Europa, Oporto, en la eliminatoria anterior. El ambiente, en ambos casos, era espectacular. Nunca habíamos disfrutado de nada igual en este campo. Aquellas noches presenciamos algo histórico, mientras muchos capturaban lo que allí se vivía con sus móviles, yo lo disfrutaba de otro modo, en mis retinas, en mi mente, tomando conciencia de cualquier momento. Iba almacenando sensaciones porque temía que aquello no volvería a suceder en años.

 

Noches de fútbol, de nostalgia, de alegría. Partidos imaginados, vividos, disfrutados. Goles irreales, goles inventados, goles ilegales. Momentos de la niñez, de la juventud, de la madurez. Para gozar en solitario, con tu hermano, con tu hijo. Noches de fútbol.

LA SOMBRA DEL FIN DEL PRIMER TRIMESTRE ES ALARGADA

 

15.01.2016 Rafael Guardiola En el siglo pasado habría levantado sospechas que un estudiante adolescente fijase su limpia mirada, cabizbajo, como en el trance colateral a una letanía, en el espacio frío y difuso que se esconde bajo la mesa. Lo prohibido siempre será motivo de atracción, como un imán concupiscible, aunque el aula se corone, hierática, como un espacio minimalista en el que reina la incomunicación y una larga espera hasta tener las notas en las manos, al final de la jornada. Mucho ruido y pocas nueces, diría yo. Se escucha el diálogo penetrante e inteligente de una película de Alfred Hitchcock que he decidido proyectar en unas de mis últimas clases antes de navidad, para acceder de forma ligera al final del trimestre, con objeto de ilustrar mis explicaciones académicas sobre el psicoanálisis freudiano y ciertas patologías de nombre impronunciable. Pero el diálogo racional sobre lo irracional suena vacío porque suena para nadie o para sí mismo, lo que viene a ser algo parecido. Por otra parte, es inútil elevar la voz por encima de las maniobras de los aviones del aeropuerto de Málaga, tan cercano a la ópera de palabras huecas y conceptos trasnochados que recorren las inhóspitas dependencias de mi centro de trabajo, salvo que tengamos la secreta intención de perseverar en disfrutar de los rigores de la faringitis en tan señaladas fechas. Miradas muy jóvenes fijadas en las pantallas ¿malignas? de los dispositivos electrónicos, un auténtico “punto limpio” de mensajes abortados, informaciones excesivamente efímeras, perecederas, orgiásticas, el resplandor de juegos alienantes, vídeos pornográficos de escasos vuelos, tortas virales y ciberofensas por doquier. Y yo me pregunto: ¿qué hago aquí? Les confieso que, para no desentonar, tengo la tentación de desenfundar también mi dispositivo móvil, mirar de reojo las novedades vertidas en las redes sociales como si fuera un niño malo y acariciar la fantasía de sentirme acompañado. Pienso, a estas alturas de la vida, que lo importante no es que alguien me indique que le gusta lo que publico, sino que yo me siga gustando, que no cese el amor que me profeso. Alentado, tal vez, por el canto de sirenas de la realidad virtual, me atreví a plagiar descaradamente recientemente el texto de un divertimento que encontré en la red, con objeto de alumbrar el comienzo de una nueva versión del archiconocido villancico “Noche de paz”. Dice así: “Noche de iPad,/noche de iPhone./Voy a enviar un whatsapp./Yo he subido la foto a Instagram./Yo tuiteo lo que hay que cenar./¡Tengo un diez de bateríaaaa!/Ponlo enseguida a cargar.”

 

“Dale alegría a tu cuerpo, Macarena”, cantan y bailan mis alumnas de tercero de ESO con una energía insultante, escandalosamente viva, en contraste con los rostros acartonados de “Los del Río” que aparecen en la pizarra digital. En los primeros momentos de esta fiesta improvisada con motivo de la cercana muerte del período lectivo y los festejos del Solsticio de Invierno que la Edad Media rebautizó con la denominación de “Navidad” (al parecer, para contrarrestar los perniciosos efectos de los festejos paganos herederos de las Saturnales romanas), y mientras se escuchan las últimas estrofas de la canción que emocionaba a los Clinton, no he podido por menos que recordar a Alaska y los Pegamoides, parte de la banda sonora de mi época: Empujando mi carrito/ lleno de Quench y Mielitos/ Mari Pili va muy mona/ con su faldita de goma./ Terror en el hipermercado./Horror en el ultramarinos./Mi chica ha desaparecido/y nadie sabe cómo ha sido. Acto seguido, uno de mis alumnos menos bulliciosos me pide permiso, haciendo gala de un notable sentido común, para ausentarse del aula. Huye de dos presencias rotundas: compañeros abducidos por las excelencias de las aplicaciones del móvil, y compañeras dispuestas a cantar y bailar con canciones del orondo King África, en plena víspera del nacimiento del Mesías. Y yo me vuelvo a repetir: ¿qué hago aquí, si me voy a morir un día de estos? Recuerdo entonces que soy funcionario del Estado, que me debo a la función pública desde los veintitrés años, y que se espera que mi comportamiento sea ejemplar. Por si fuera poco, estamos en clase de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, con las miras puestas en las virtudes públicas. No se trata, únicamente, de defender con urgencia y vehemencia la conveniencia del imperio de la buena educación y la conducta respetuosa en todas las esferas de la vida cotidiana, sino también, de extender la necesidad de lograr un buen gobierno de nuestra convivencia, esto es, la cultura pública de la convivencia. La tolerancia, el diálogo, el respeto, la disposición al pacto o el espíritu de cambio son algo más que palabras que habitan el mundo de las normas, puesto que alimentan el admirable despliegue de los valores morales que sustentan las raíces de la vida social. Y les recuerdo que sólo dispongo de una hora a la semana para emprender esta empresa faraónica entre un auditorio lleno de vida y de hormonas en flor, navegando muchas veces contracorriente. En esta clase hemos intentado ser ciudadanos y provocar el cambio de actitudes, aunque sea cosechando un modesto resultado, a través de la fiesta de la alegría de vivir. Para ello, mis alumnos no han dudado en servirse de una versión infame de “Paquito el chocolatero” y la mentada “Macarena”. Luego ha sido el turno del reggaetón, del mítico “Baile del gorila” y los grandes éxitos de Justin Bieber o Shakira, en feliz comunión. Esa tarde intenté estar a dieta estricta de los últimos cuartetos de Beethoven para resarcirme.

 

Por cierto, dado que se acercaba la tradicional cena de Nochebuena, ¿saben dónde hay que colocar el móvil, a la derecha o a la izquierda del plato? No puedo dejar de pensar que hay muchas personas que sufren en demasía en esas fechas, amparándose en la temida soledad. Todavía no se han dado cuenta de que, en realidad, todos estamos solos, nacemos y morimos en soledad. ¿Y si fuera cierto que“el infierno son los otros”?, como proclamara Jean-Paul Sartre, ese filósofo francés de mirada difícil.

 

 

 

 

 

 

 

BIENVENIDO 2017

 

 07.01.2017 Isabel Naranjo Es hora de hacer balance y fijar propósitos para el año entrante tras un 2016 lleno de luces y sombras, marcado en lo político por la inactividad motivada de la irrupción de partidos ya no emergentes sino consolidados en nuestras instituciones. Partidos que  han revolucionado el tradicional sistema bipartidista al que estábamos acostumbrados desde la época de la transición, y que vienen a establecer las bases de una nueva forma de hacer política, aunque bajo esa premisa se ampare actitudes y propuestas nada ejemplarizantes.

 En el plano doméstico, la provincia ha constatado un año extraordinario en el que la capital se ha coronado como exponente cultural en mayúsculas con la llegada del Museo Málaga y el turismo ha vuelto a cosechar un un nuevo record histórico en todos sus indicadores; y suma un hotel 5 estrellas de lujo; la construcción, otrora joya de la corona, ha sido uno de los sectores que ha podido constatar cierta reactivación, aunque la indebida dependencia del sector público tan escaso en sus pretensiones sigue lastrando la definitiva recuperación.

 Hemos dado en este 2016 la bienvenida a infraestrucutras sanitarias necesarias y perentorias como el Hospital del Valle del Guadalhorce tras años de inadmisible letargo, y se ha dado el pistoletazo de salida al CHARE de Estepona que descongestionará el saturado Hospital comarcal de Marbella.

 Pero sigue quedando camino por recorrer y no han sido pocas las veces que los hospitales públicos han trasladado una imagen preocupante y lamentable a partir de la saturación de sus servicios de urgencias u otros departamentos, y de listas de espera inadmisibles en una provincia pujante como la nuestra.

 Tampoco parece aceptable el porcentaje de personas que engrosan las listas del INEM en una provincia llamada a ser motor económico de Andalucía, en la que se debe hacer porque hay mimbres para ello, una clara apuesta por la creación de empleo, y de calidad.

 A nivel municipal, planean importantes incógnitas sobre cuestiones nada baladí como la gestión y el servicio de limpieza de Limasa, o la forma en la que llegará el Metro al Hospital Civil tras el último desencuentro entre Junta de Andalucía y Ayuntamiento de la capital al respecto,  amén de otras tantas incertidumbres.

 En el capítulo de luces hay que tener los pies en el suelo y saber consolidar y gestionar ese potencial, mientras que en el de sombras trabajar en pro de atajar esas deficiencias.

 Así las cosas, y como es momento para plantear deseos, en mi lista a los Reyes magos,ha figurado tres peticiones para este año: que se elimine el lesivo e injusto impuesto de donaciones y sucesiones que sufrimos los ciudadanos en Andalucía; que se haga una apuesta por el tren litoral que merece la Costa del Sol Occidental y que acabe la sinrazón terrorista.Feliz 2017.

 

¿NOS DETERMINAN LOS NOMBRES?

 

31.12.2016 Antonio Villalba Moreno Quizá mis compañeros no recuerdan un trayecto hacia una comida en la que hablamos de un tema interesante, el que da nombre al artículo. Aquel día íbamos en el coche de mi tocayo, aprovechando que era el más amplio y además tiene techo transparente, de esa forma podíamos disfrutar viendo como caía la lluvia.

 

Parece que los días lluviosos son idóneos para charlas profundas. Todo comenzó  porque Ana comentó que era el Día Internacional de la Felicidad, al hacerlo intenté dirigir la conversación a las casualidades, ya que la noche anterior terminé de leer una novela de Carlos del Amor en la que una de las protagonistas se llama Ana y su madre Felicidad. No crean que hablamos de ese tema, no tengo tanto poder de convicción. Lo hicimos sobre los nombres.

 

Hace de aquello más de medio año,  pero recientemente me vino a la mente cuando asistí a la conferencia que Rosa Montero dio en la Térmica. En ella hablaba de su nuevo libro: “La Carne”, también de  la vida y su complejidad, del impulso irresistible de contar que tienen los novelistas, de la inexistencia de la normalidad y del nombre de la protagonista de su novela: Soledad Alegre, una misógina tremenda.

 

Aún no la he leído pero la autora comentó que la propia madre de Soledad, que es un personaje cruel, le había puesto ese nombre a conciencia. Aprovecho esta idea, no la crueldad de la madre, sino la posibilidad de que los nombres nos influyan en nuestro destino, al menos los más significativos.

 

Y no me refiero a lo que exponen diversos estudios en los que se afirma que el nombre condiciona, en cierto sentido, tu vida. Según algunos informes científicos, las personas se pueden dejar influir por los nombres a la hora de elegir pareja, residencia o trabajo. Supongo que es algo exagerado y dependerá del libre albedrío que todos sufrimos, o de la forma en que cada persona se plantee su futuro.

 

Yo, más bien, me refiero a la negatividad que pueda pensarse en el significado del mismo, sin ir más lejos el de Soledad, como la protagonista de la novela, o Dolores, o Angustias. En muchas ocasiones siguen la tradición familiar, aunque esto se está perdiendo, en otras son los padres que gustan de estos nombres, sin pensar en lo que significan. Lógicamente, cuando imaginan a sus hijas no creerán que están condenadas a estar solas, o a sufrir, o a padecer desconsuelos. Otros, que las personas llamadas así son más fuertes. Como en cualquier tema, hay diversidad de opiniones. El caso es que, aunque no siempre, en una gran mayoría estamos habituados a llamar a las mujeres que tienen estos nombres que pueden inducir al pesimismo con diminutivos: Sole, Loli, Angu.

 

Por otro lado, está el del sentido positivo. Así, nombres como el que aparece al principio del artículo, Felicidad, o Milagros, o Esperanza pueden indicar ese lado alegre que dan sentido a su significado. Lo que sí estoy percibiendo conforme avanzo en estas líneas es que mis compañeros y yo, en marzo, perdimos una buena oportunidad de un debate, al menos, interesante y creo que me hubiera venido genial para aprovecharlo en esta columna.

 

Y acabo, por fin, diciendo que el nombre es lo de menos, lo importante es la persona, llámese Alegría, Martirio, o como diría mi padre, Periquito el de los Palotes.

 

 

 

LAS PROMESAS SON PARA CUMPLIRLAS

 

 

03.12.2016  Antonio Villalba Moreno A finales de agosto tuve una larga conversación con el director de este diario digital, en ella nos comprometimos a cumplir  unas normas autoimpuestas, en mi caso fue que enviaría, como mínimo, una columna mensual para rebatir la afirmación, quizá cierta, de que los colaboradores habituales no somos constantes.

 

Resulta que la fecha para entregar la siguiente se está acercando sigilosamente y últimamente he estado muy atareado en otras ocupaciones, olvidando mi promesa, así que me he puesto manos a la obra para no faltar a mi palabra. Y este ha sido el resultado.

 

 

Quiero pensar que soy capaz de escribir de corrido un artículo, para ello me he provisto de unas notas, una idea preconcebida y he elegido el momento idóneo, justo después de la siesta de una tarde. Normalmente es la hora más fructífera, al menos para mí. Una tarde de otoño, y si está lloviendo, como es el caso, más aún, si a eso le añadimos que me he quedado solo en casa, se cierra el círculo perfecto para la inspiración. Ahora es necesario ir completando líneas en el cuaderno que utilizo.

 

Debo confesar que aún escribo a mano (aunque no siempre), así puedo tachar lo que no está bien. Ya sé que en el ordenador también puede hacerse, y mejor y más rápido, pero me gusta ver cómo avanzo, en este caso, sobre las cuadrículas de un cuaderno con anillas recién estrenado.

 

De vez en cuando rodeo con un círculo un párrafo, coloco una flecha y lo pongo al principio o al final del escrito. En otras ocasiones tacho tres o cuatro líneas, sino  el fragmento entero. Me gusta abrir llaves a los márgenes anotando ideas que luego puedo desarrollar. Después veo cómo ha quedado el conjunto y me olvido de él.

 

Al día siguiente lo recupero y lo paso a limpio, ya utilizando el Word. Entonces veo si el boceto merece la pena conservarlo, si es así le doy el visto bueno y continúo con él, si por el contrario es una birria, lo elimino, o quizá utilizo lo que puede ser útil para otra ocasión.

 

Esta idea que están leyendo estuvo a punto de ir directamente a la papelera. Ustedes dirán si he hecho bien en dejarlo o me he pasado de listo enviándolo al periódico. Si han llegado hasta el final del artículo es que están muy aburridos o quizá no me he equivocado en mi percepción. Al menos he conseguido algo: cumplir con mi promesa.

 

 

 

                

GORILAS EN EL CONGO

 

20.11.2016 Rafael Guardiola Para festejar el tiempo que, presuntamente, nos ha regalado el irracional cambio de hora institucional he saboreado los momentos culminantes de un reportaje sobre la sacrificada vida de los gorilas a orillas del río Congo y las cochinadas reiteradas de un grupo vecino de chimpancés, así como los dos movimientos finales del concierto nº2 de Serguéi Prokófiev, uno de mis compositores preferidos, un auténtico monumento al virtuosismo. Tenemos los biorritmos alterados como las maracas de Machín a causa de las preferencias ideológicas del general Franco por la Alemania nazi, y por los criterios de los usuremos más recalcitrantes de la Unión Europea. Estos últimos justifican la medida en aras del ahorro energético y la productividad, pero sus argumentos son falaces en estas latitudes. En lugar de hacer estos malabarismos temporales, ya es hora –valga la redundancia- de que se imponga en España la jornada continuada y de que el empresariado sea consciente de que es muy importante que los trabajadores disfrutemos de un tiempo dilatado para el descanso, el ocio y la vida familiar, para compensar los sinsabores de la jornada laboral, y si en este tiempo tan sagrado nos alumbra la luz natural, mejor que mejor. La psicología social ha demostrado, hace bastante tiempo, que el rendimiento en el trabajo es superior cuando el trabajador está más descansado y satisfecho con su vida personal. Además, no sé por qué les estoy contando esto, cuando el principal problema laboral actual es, que no hay trabajo digno para todos, como nos promete la Constitución. Será por la reciente lectura de un artículo sobre Singapur, “el país del futuro”, transitado por coches sin conductor, con robots encargados de la enseñanza  y niños que juegan con drones como si tal cosa. La mayor parte de los trabajos en las sociedades industriales avanzadas son superfluos (tanto como un elevadísimo porcentaje de los epígrafes que contienen mis programaciones didácticas ajustadas a la LOMCE), por inútiles o porque podrían ser realizados con eficacia  por robots y programas informáticos de última generación.

 

“Todo cambia, nada permanece” es una de las afirmaciones que se atribuyen a Heráclito de Éfeso, apodado “el oscuro”, pensador presocrático griego afectado de misantropía y de hidropesía. Su obsesión, como la de los filósofos contemporáneos, era perfilar una respuesta cabal para el problema de la naturaleza de las cosas y, en particular, sobre las características del fenómeno del cambio. Todo está en constante devenir, como las aguas de un río –pongamos el Nilo, para que la cosa sea exótica- en las que no podemos volver a bañarnos. El cambio impone su imperio a la naturaleza y llega inevitablemente a la orilla de lo humano. A pesar de la aparente constancia y permanencia de la estructura social en la que se enmarca nuestra existencia, todo está revuelto, se transforma incesantemente como la coloración de un camaleón atribulado. Así, con el cambio de hora, los votantes Socialistas de las dos últimas convocatorias electorales se han enterado de que, en realidad, han optado por el Partido Popular. Esto lo descubrieron los seguidores de Ciudadanos días atrás, sin demasiados sobresaltos. Tengo la sensación de que me va a resultar difícil explicar en clase, sin travestirme intelectualmente, algunos temas consagrados a las virtudes de la Democracia y el sistema de partidos políticos, en conexión con la concepción de la verdad como “coherencia”.

 

Pero aunque todo cambie, todo permanece. Nada parece haber cambiado con la metamorfosis del sábado 29 de octubre de 2016 y muchos respiran con alivio en su propio engaño. Los docentes que no hemos sido tocados por la ingenuidad ni por el clientelismo sabemos que las declaraciones del ya presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sobre la paralización de la aplicación de las “reválidas” propuestas en la nueva ley educativa, la LOMCE, en pleno debate de investidura, son una burda maniobra propagandística. En el texto aprobado hace dos legislaturas, se habla explícitamente de que las pruebas de evaluación externa carecerán de validez académica en el presente curso, 2016-2017. ¿Dónde está el cambio? Aunque en el presente curso se ponga el parche de que las pruebas externas sean similares a la difunta selectividad, y que sólo tendrá que afrontarla el alumnado que desee cursar estudios universitarios, la LOMCE cercena de cuajo la innovación pedagógica, pues fija los llamados “estándares de evaluación”, unos criterios uniformes –y unos contenidos, no nos engañemos- para todo el Estado, so pretexto de la universalidad de la prueba. Los centros educativos están a punto de convertirse en grises “academias” para la preparación de reválidas, y el profesorado se encuentra maniatado a la hora de abordar los contenidos seleccionados, por la imposibilidad de ofrecer enfoques alternativos y el carácter exhaustivo de los temarios.

 

Es cierto. La vida de un grupo de lustrosos gorilas que habitan cerca del río Congo, y que no pueden atravesarlo porque no saben nadar, no cambia ante la llegada de un posible competidor de su macho alfa. El intruso, el nuevo “espalda plateada” sólo quiere sexo, y no quiere buscar un sustituto en el poder, como les pasa a tantos humanos. El viejo macho alfa seguirá siendo el primero en comer, y el grupo continuará su natural devenir, siempre y cuando nadie se salga del guion. Esto último tiene mucho que ver con la concepción platónica de la justicia y la interpretación funcional del Estado. Como todo cambia y nada permanece, yo prefiero votar a otros simios menos ceremoniosos: los “bonobos”.

 

 

GOD SAVE THE QUEEN

 

06.11.0216 Rafael Guardiola Gracias al imperio de las tecnologías de la información y la comunicación puedo combatir últimamente el tedio que asalta las mentes adolescentes de mis alumnos cuando me empeño en transcribir, a un lenguaje medianamente inteligible, las peculiaridades que la “physis” pudo tener para los pensadores de la Grecia antigua. Ante la imposibilidad material de poder invitar a Heráclito de Éfeso o a Parménides de Elea para ilustrar mis explicaciones barrocas sobre la naturaleza y los humanos artefactos, excesivamente afectadas por la lectura malsana de manuales de Historia de la Filosofía, un servidor se arriesga, a diario, a no satisfacer los requisitos de la “interpretación radical”. Ni siquiera tengo a  mi lado a Nietzsche, una especie de extraterrestre y  filósofo griego del siglo XIX, a pesar de sus orígenes germánicos, para hacer más sencilla la tarea hermenéutica –vaya palabrota que me ha salido. ¿Cómo podría yo conseguir que mi auditorio sintonizara con la idea de que la naturaleza es un cosmos, una totalidad ordenada digna de ser reverenciada y conservada, y que se asemeja a un organismo vivo? Pensarán –mis alumnos-, que no me he tomado la medicación o que me he dado a la bebida. Sobre todo, después de leer que el gobierno español en funciones está presionando a la Unión Europea para que los coches de gasolina puedan contaminar más y que se les controle más tarde de lo habitual. En el aula estamos rodeados de artefactos –especialmente de los dispositivos móviles que se esconden impúdicamente en la entrepierna- y sólo nos devuelve la humanidad el hecho de constatar los regalos olfativos, cargados de feromonas, generados en la intensa sesión de la clase de Educación Física o las partículas de cebolla en suspensión que se escapan de la cocina de las instalaciones de los Ciclos Formativos. De este modo, no es difícil pensar que la naturaleza es el espacio en el que depositamos los escombros y la basura tecnológica. Difícil tarea la de intentar que la naturaleza se conciba como un espacio sagrado y tomar conciencia de que nosotros somos naturaleza.

 

                Gracias al ciberespacio puedo intercalar los arabescos del razonamiento abstracto con unos relajantes “minutos musicales”, con amor y humor, si es posible, divisa de mi escudo heráldico pedagógico imaginario. Me conecto a la red con la intención de encontrar una imagen de Parménides, para que mis alumnos se den cuenta de que mi sex appeal es muy superior al del ciudadano de Elea, entre otras cosas. Y desde el ciberespacio me hacen una sugerencia: ¿por qué no acude usted al canal YouTube para degustar las virtudes de un vídeo musical –o lo que sea- titulado “Pen Pineapple Apple Pen”. Se trata de una canción mínima y harto recurrente –menos florida que las producciones del ínclito Leonardo Dantés, compositor e intérprete de joyas artísticas como “Tiene nombres mil el miembro viril”-, interpretada por el japonés Piko Taro, a quien todos los dioses confundan, y que ha causado furor en los últimos días. Y yo, mientras tanto, intentando convencer a mi alumnado de la felicidad que obtendrán si adquieren los contenidos que les ofrezco, como  medio para tener un trabajo satisfactorio. ¿Trabajo? ¿Dónde hay trabajo para los jóvenes? ¿Cuánto dinero se habrá embolsado ya Piko Taro por su proeza musical? Y si es así, ¿qué hacéis aquí? (les digo a mis alumnos), aguantando este discurso romántico sobre el carácter sagrado de la “physis”. Llegamos a la triste conclusión de que esto es lo que hay.

 

                Menos mal que nuestra respuesta resignada y pesimista nos lleva a la reflexión política, algo que no rehusaban con facilidad los antiguos aristócratas griegos, según nos recuerda Diógenes Laercio. ¿Cómo se podría arreglar este desaguisado, con la que está cayendo? Seguimos con nuestros “minutos musicales” en nuestra peculiar “carta de ajuste”. Le toca el turno a los legendarios Sex Pistols, banda de punk rock fundada en Londres en 1975, y auténticos padres del movimiento punk en el Reino Unido. En el año 1977 lanzaron la canción “GodSavetheQueen (Dios salve a la Reina)[i]. La crítica de los valores caducos de la tradición británica y el grito desgarrado frente al conformismo social y la ausencia de oportunidades para los jóvenes en el marco de las sociedades opulentas del consumo desaforado y el evanescente bienestar no les resulta ajeno a gran parte de mis alumnos. De hecho, me preguntan si la canción que escuchamos –GodSavetheQueen- es “de ahora”. Más que nada, porque la situación que pinta tiene muchos puntos de contacto con el presente. En 1985, cuando empecé a explicar filosofía, me apetecía exhibir una cresta radiante y coloreada ante mi auditorio. Pero la alopecia caminaba a marchas forzadas e hizo imposible el intento. ¿Hay futuro? ¿La sociedad está calva? Juzguen ustedes.

 

 

[i]God save the Queen
The fascist regime,
They made you a moron
A potential H-bomb

God save the Queen
She ain't no human being
There is no future
And England's dreaming

Don't be told what you want
Don't be told what you need
There's no future
No future
No future for you

God save the Queen
We mean it man
We love our Queen
God saves

God save the Queen
'Cause tourists are money
And our figurehead
Is not what she seems

Oh God save history
God save your mad parade
Oh Lord God have mercy
All crimes are paid

When there's no future
How can there be sin
We're the flowers
In the dustbin
We're the poison
In your human machine
We're the future
You're future…

AQUEL PRESUNTO MACHISMO

 

04.10.2016 Antonio Villalba Moreno Lástima que los que vieron a nuestros jugadores como machistas cuando nombraron a una mujer como capitana, hoy no quieran disculparse tras comprobar que, precisamente, con una fémina como directora, España ha vuelto al grupo Mundial de la Copa Davis. ¿Dónde están las voces de entonces? Esas que tachaban a técnicos como Toni Nadal de machista cuando, al igual que su pupilo y el resto de compañeros, cuestionaban la designación  por su capacidad, no por su sexo. Por cierto, les recuerdo que la ex tenista de la que hablamos se llama Gala León, muy respetable, pero no creo que tuviera méritos suficientes para dirigirlos, de hecho tan sólo ganó un torneo de la WTA en su carrera profesional. ¿Qué podría aportarles a tenistas con el currículum de los nuestros?

 

Conchita Martínez ha sido medallista olímpica, ganadora de un Grand Slam y de una treintena de torneos, además de campeona de la Copa Federación  en cinco ocasiones. ¿Se ha oído a Ferrer o Nadal levantar polémica cuando la nombraron?  Es muy fácil refugiarse en este debate, por supuesto que hay que luchar contra esa lacra, pero en su justa medida. La demagogia y el victimismo no deberían desviar la atención de las mujeres que realmente sufren por el machismo que aún impera en nuestra sociedad.

 

De igual forma ocurre con la xenofobia, la homofobia y, sobre todo, con el racismo. Hay que luchar contra estas inmoralidades que acechan nuestra sociedad pero sin caer en lo fácil, antes de posicionarse a favor del débil debemos entrar en los detalles. La presunción de inocencia debe continuar como hasta ahora, como uno de los pilares básicos de nuestro modelo.

 

La otra mañana me contaba un amigo la anécdota de su vecino. Desde que comenzó la temporada de fútbol había estado acompañando a sus hijos a los entrenamientos del equipo del pueblo y, tras el segundo partido de liga, abroncó al entrenador porque no salían de titulares. La razón, según él, era una: por su color.

 

Había olvidado comentar a los lectores que este señor es un alto cargo de una empresa y, sobre todo, que es de raza negra. Estaba cegado por el subjetivismo paternal, pero sobre todo por ese victimismo que impide ver las cosas con claridad. Había disfrazado de discriminación racial un simple berrinche por no ver incluido a sus hijos en el equipo inicial.

 

Este amigo me aseguraba que esos niños, por ahora, no tenían cabida entre los mejores, simplemente porque había otros que los superaban, así de simple. Además, desde siempre han estado integrados en el pueblo y, por supuesto, en el grupo. En el deporte base, de lo que se trata es fomentar las ideas de compañerismo, colectivismo y amistad. A veces es difícil conseguirlo, y si los progenitores no ayudan, más aún.

 

Quizá sea un artículo políticamente incorrecto pero, a veces, el cuerpo te pide escribir sobre los que se aprovechan del esfuerzo de los demás, convirtiéndose en demagogos de su propia lucha. Así que prefiero terminar con el aspecto deportivo. Enhorabuena al equipo español y a la capitana, que ha sido capaz de unir de nuevo a estos enormes jugadores y conseguir que se olvide el tema extradeportivo. El próximo año lucharemos por la Ensaladera. 

NOS QUIEREN MÁS TONTOS

 

03.10.2016 Rafael Guardiola Este es el elocuente título del libro que Eduardo Luque y Pilar Carrera acaban de publicar en Ediciones de Intervención Cultural a propósito de la escuela que promueve sin rodeos la economía liberal. Aunque no me gusta hacer uso de fuentes que no he leído y, en su caso, desmenuzado y digerido, me hago eco aquí de la recomendación de la mítica revista “El Viejo Topo”, nacida en 1976 y que tanto transité en mi lejana adolescencia y juventud, enredado como estaba entonces, y sigo estando, en los espinosos confines del marxismo crítico y el pensamiento libertario. La sociedad industrial avanzada que se ha consolidado en occidente y aspira a ser también la sociedad del futuro, se ha amancebado lascivamente con un modelo educativo muy poco sensual para mis ojos operados de cataratas. El “saber hacer”, la “techné” de los griegos impone su imperio sobre el “saber”, sobre la fascinante “sophía”. La techné –saber hacer, saber producir algo- es, para Aristóteles, un modo de saber universal y exclusivo del ser humano, y de un espectro más amplio que el de nuestra “técnica”.

 

Se erige sobre la madre experiencia, pero es un saber inferior, a fin de cuentas, dado que sus objetos son meramente posibles, accidentales o “contingentes”: son de una manera determinada, pero podrían ser de otra (el artesano puede modelar un botijo, pero podría en su lugar hacer una jarra). Es la capacidad para producir algo actuando sobre las cosas, o sobre el propio ser humano en tanto que cosa (el carpintero puede fabricar una mesa y el nadador, aprender a nadar a braza, actuando sobre su cuerpo). No obstante, a la techné no le podemos pedir una finalidad diferente a la de “producir obras”, no da más de sí. Y las acciones sociales que siguen este paradigma no son otras que las que los filósofos de la Escuela de Frankfurt denominaron “acciones instrumentales”, acciones que se adoptan en función del coste y los beneficios de las mismas de acuerdo con un fin exterior. La utilidad es elevada a los altares y se convierte en un medio para justificar y consolidar el poder de unos pocos, manoseando obscenamente los cimientos mismos de la democracia y las virtudes de la globalización. Los planteamientos maquiavélicos y los imperativos hipotéticos se nos hacen familiares, carne de nuestra carne, alumbrando un pensamiento “unidimensional”, como afirmaba Herbert Marcuse al abrigo del Mayo del 68 francés.

 

Las proclamas en materia educativa sobre la bonanza del “saber hacer” del socialista francés Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea de 1985 a 1994, catapultadas por las otrora prestigiosas instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, han acabado recluyendo al conocimiento a secas en el castillo derruido del Libro I de la Metafísica del viejo Aristóteles (“todos los hombres desean por naturaleza saber”) y nos intentan seducir a los docentes con cantos de sirena, ahora bautizados como “competencias”. Tanto es así, que quieren construir “la sociedad del conocimiento” prescindiendo del propio conocimiento. Es el mercado el que marca el compás, el que fija en realidad los contenidos y los instrumentos diseñados para el aprendizaje, amparado en la erótica del poder más acartonado. Y en esta gris encrucijada una caótica milicia de psicopedagogos iluminados, de una especie muy diferente a la del mentado Eduardo Luque, y en las antípodas de la profesora de Historia que es Pilar Carrera, escupe vorazmente por sus fauces lloronas una jerga incontrolada, en el mejor de los casos, de conceptos bienintencionados pero vacíos. Al final, vamos a acabar añorando la alucinógena terminología de la vieja LOGSE. Según ésta, por ejemplo, cambiar a un alumno de sitio en el aula equivalía a hacer una adaptación poco significativa a uno de los elementos espaciales de acceso al currículo. Todo se puede empeorar fácilmente.

 

No quiero decir con esto, obviamente, que el conocimiento no tenga o no deba tener una dimensión práctica, sino que no comparto que sea el mercado quien delimite el ámbito de aplicación de lo conocido. Y ya saben que, afortunadamente, hay otros valores distintos de la diosa utilidad y ajenos a las concepciones ahistóricas del ser humano. La filosofía, por ejemplo, puede tener un estimable valor social, aunque no reserve sus sinuosas curvas a la organización empresarial y a la difusión a bombo y platillo de las ideas arrebatadoras de los nuevos emprendedores.

 

Para emprendedores osados, el gaditano Jenaro Jiménez, según la feliz crónica que ofreció Francisco Apaolaza en el diario Sur del 26 de septiembre titulada “Jenaro el escurridizo”: “Encontraron su coche en una playa de Cádiz y pensaron que se lo había tragado el mar. Dejaba una viuda embarazada, pero había huido a Paraguay con el dinero y una miss. Le acaban de detener en Hungría”. Jenaro Jiménez simuló su muerte en 2008, e hizo las Américas con los 47.000 Euros de la señal para la adquisición de una vivienda que sisó a un cuñado, para desaparecer nuevamente, tras su detención en Madrid y residir en Málaga. Cuando fue detenido en Budapest, Jenaro disfrutaba ya de la compañía de un nuevo amor, una azafata rumana.

 

Suscribo, para finalizar, el espíritu y el cuerpo mismo del comentario que el Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, José Antonio Pérez Tapias, ha dejado en las redes sociales: “Alumnas y alumnos del Grado de “Estudios Árabes e Islámicos” de la UGR pusieron en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras este cartel con tan iluminadora cita de Ibn Rushd. Tuvimos tiempo de atender a la enseñanza de Averroes. Desgraciadamente faltó más. Ojalá aprendamos de una vez.” El cartel decía: “La ignorancia lleva al miedo, el miedo lleva al odio, el odio lleva a la violencia. Esa es la ecuación”. El cordobés Averroes, singular intérprete de Aristóteles, es uno de los viejos emprendedores de la Filosofía, un amante de la “sabiduría a secas”.

EUROCOMING

 

 

02.10.2016 Joaquín Ramírez  En los ensayos, novelas e incluso el cine de los 60-70, los aliados occidentales habían cambiado el uniforme militar por un aseado atuendo civil al que todos querían imitar. La guerra fría se servía con una media sonrisa y sus protagonistas occidentales se conducían con la seguridad de representar al Mundo Libre. Los franceses, británicos, alemanes o italianos y también los americanos –USA- habían aprendido de la historia lejana y de la más reciente, su adversario era el comunismo y su gran arma la democracia. Convencidos de su tarea, la construcción de Europa y el libre comercio eran una invitación de prosperidad y progreso asegurados para los países de su entorno. La Europa de los siete, doce, quince, veintisiete… El Parlamento Europeo, el tratado de Shengen, el euro como moneda común, el papel del BCE…  La Europa de la cultura y las libertades se convirtió en un modelo compartido común, el modelo más avanzado, más democrático, más social y de mayor progreso del mundo y de toda la historia.

 

Lejos de ser perfecta, la Unión Europea ha debatido, confrontado y rectificado constantemente en la búsqueda de las mejores opciones y las garantías de una más perfecta y profunda democracia. Construir un sistema económico y financiero que también condujera a la igualdad ha sido un camino casi pacífico en fases de crecimiento y mucho más arduo y controvertido en momentos de recesión y crisis económica. A pesar de ello, el espíritu del tratado de la UE y su fortaleza económica han podido mostrarse a las claras muy recientemente con los rescates y ayudas concedidos a Irlanda, Portugal y Grecia. Se mire como se mire, con todos sus inconvenientes, el hecho de que la Uniónpueda apoyar y respaldar de este modo a sus países miembros es la prueba más fehaciente del inmenso acierto que tienen las fórmulas empleadas y la vigencia de la filosofía y los objetivos fundacionales.

 

Todo ello no quiere decir que no se alcen voces denunciando errores, situaciones de injusticia, imperfecciones del sistema o posiciones contrarias por tal o cual causa. De hecho, en los últimos tiempos se ha producido un choque entre la necesidad de que algunos países contaran con el respaldo de la UE y una falseada cuestión de soberanía. Ya saben, eso de soplar y sorber a la vez. Independientemente de determinadas cesiones de soberanía en algunas cuestiones concretas transferidas a la propia UE, nunca ha habido rescates obligatorios, aunque sí condiciones de obligado cumplimiento caso de querer aceptar los referidos rescates. El prestatario para serlo pone condiciones al acreedor que así lo decide, no hay más misterio que ese en medio de un proceso que es constructivo y que sólo busca no dejar caer al país socio que ha generado la situación con su específica acción política y económica.

 

Tampoco ello quiere decir que la actuación de la UE en casos como éstos no sea perfectible ni que no esté sometida a debate y a los cambios y matices que puedan acordarse para afinar lo más posible en la consecución de los objetivos propuestos.

 

Sin embargo y a pesar de todo ello, los declarados enemigos de esta vanguardia han aumentado sus argumentos y su acción muy recientemente. La oleada de ese populismo miope que hace de la más simple inmediatez su plataforma para convencer a los más incautos goza hoy de más fuerza que casi nunca o nunca.

 

Nadie es impermeable a los inconvenientes o a las situaciones de dificultad y más si estas circunstancias son aderezadas con habilidad por los voceros de las más elementales y descaradas mentiras.

 

El otro gran enemigo de la Unión Europea es el terrorismo. Mientras más pacífica, organizada y próspera es una sociedad, mayor conmoción y daño puede causar un asesino organizado de indiscriminada actuación. Por ese motivo las políticas de seguridad son tan importantes y prioritarias en las instituciones europeas.

 

Europa tiene enemigos, pero no es enemigo de nadie. Aún las dudas y hasta la deserción reciente por chiripa del mayor euroescéptico, la UE es el vehículo ideal de futuro de un mundo sin fronteras en el que la igualdad de oportunidades y la democracia no sólo sean la norma, sino que habrá de alcanzar hasta el último rincón del planeta. A nadie deberá sorprender ver llegar que la coalición económica, social y política UE-USA sea en un futuro cercano lo que hoy es en solitario la Unión Europea, o que a ella se incorporen Canadá y México, ni tampoco que lo hagan Israel y hasta un Egipto que dé con su camino de modernidad, democracia y justicia. Es lo que viene.

EL SINDROME APLEY

 

26.09.2016 Pepe Cabrera Hace unas semanas leyendo un libro de artículos periodísticos de Javier Marías (en adelante J.M.), me llamó la atención uno de ellos que empezaba comentando una película de Joseph L. Mankiewicz“El mundo de George Apley”. Exponía con detalle la descripción irónica de la vida cerrada y rancia de una familia conservadora y cicatera de la ciudad de Boston. Sus miembros dice J.M. se pasaban su existencia preocupados por cuestiones mínimas relacionadas con el pasado, presente y futuro de la familia y consideraban poco menos que extranjero a cualquiera que no hubiera nacido en su refinada calle. Unos de los personajes rondaba según J.M. el ridículo: la tía Amelia, que en un momento dado afirmaba: <<Cada vez que estoy deprimida, me recuerdo a mí misma que soy una Apley>>. La sátira transcurre en 1912 y es sorprendente que después de más de cien años esta actitud decadente, retrógrada y miserable se dé con tanta frecuencia. Pues participan de ella considerables porciones de pueblos, regiones, naciones o como prefieran que les llamen, es indiferente para el caso. Según J.M. una definición de nacionalismo sería: <<Consiste en pasarse la vida dando importancia a cosas que no la tienen>> o esta otra un tanto más dura: <<Consiste en cultivar un espíritu mezquino y excluyente, y en encontrar la razón de ser en algo enteramente accidental, como es el lugar de nacimiento>>. Coincido con J.M. que nacionalista es ser <<una Apley>> y en ejercer de tal las veinticuatro horas del día.

 

Yo soy de Málaga, y quizá porque la gente de esta tierra estamos tan acostumbrados a recibir a personas de tantas nacionalidades o quizá por alguna otra razón que desconozco, nos da igual que fulanito sea de allí o menganito de allá, en definitiva nos molesta poco la procedencia de cada uno. Por tanto perdemos poco el tiempo en ese tipo depreocupaciones superficiales evitando añadirlas a las que ya tenemos. No hace demasiado tiempo el Sr. D.Artur Mas (presidente de la Generalidad de Cataluña hasta hace un año) dijo parafraseando a su mentor y presunto socio el honorable Sr. D. Jordi Pujol (no sé si se acuerdan de él… el de: <<España nos roba>> y todo eso) <<Cada día debemos defender nuestra identidad. Nuestro primer objetivo es el de ser catalanes>>. Lo curioso es que lo son desde que nacen; no sabía yo que los ciudadanos tengan que defender algo que ya son. Perla sin desperdicio esta otra: <<Los medios de comunicación se cuelan por todas partes, en inglés, en castellano; se nos meten bajo la puerta y no podemos pararlos. Cada mañana, cuando nos levantamos, hemos de defender nuestra identidad>>. El catalán de a pie no tiene otra cosa que hacer recién levantado, a pelo, incluso sin desayunar que cerrar puertas y ventanas, apagando radios y televisores para que nadie les hable en inglés o castellano y así no perder la identidad. Un disparate, me recuerda alguna película de Berlanga. Y es que quién sabe. Pudiera suceder que pallareses, ampurdaneses, araneseso cualquier otros miembros de comarcas como tantas hay en Cataluña se les ocurriese pensar: <<los barceloneses son una fuente de corrosión y unos de los elementos más contaminantes que existen en Europa>>. Les aseguro que esto se publicó en un diario de Gerona no hace mucho tiempo.

 

Y es que no puedo estar más de acuerdo con mi admirado Javier Marías cuando dice que dentro de poco habrá nacionalistas de una comarca, de un pueblo, de una calle o de una casita adosada. Y visto lo visto en estos últimos tiempos yo añado que nos quedamos cortos pues intentarán separarse de la comarca, del pueblo, de la calle o de la comunidad de vecinos de la casita adosada. De esta manera, por fin, nadie contaminará a nadie ni se contaminarán de nadie y así podrán vivir todos aislados y satisfechos, eso sí, cuando estén melancólicos y depresivos se miraran al espejo con un gesto altanero y orgulloso y repetirán el mantra: por lo menos soy una Apley.

 

LA DOBLE DE SUSI

 

 

25.09.2016 Antonio Villalba Moreno Ya habrán oído en más de una ocasión que todos tenemos un doble en alguna parte del mundo. Algunos incluso dos o tres, más aún: una legión. Por lo visto yo tengo un doble cerca, en Málaga. De hecho, ya han sido varios amigos los que me han asegurado verme en Pedregalejo o en Torrox una tarde de este pasado mes de agosto cuando yo estaba disfrutando, en el sofá de mi salita, de la remontada de España en baloncesto femenino ante una Turquía  seria y peleona o viendo la victoria en la final de bádminton de la onubense Carolina Marín.

 

A veces ese doble tuyo puede ser un problema, imagínense que comete algún robo o le da por hacer un estriptis ante unas cámaras de vigilancia, o peor aún, delante de alguien conocido tuyo que pueda confundirse contigo y que, pensando, que eres tú, no se atreve a decírtelo. Sí señor, mejor que tu doble esté en un país lejano, y si es en otro continente, punto a favor.

 

Pues bien, en julio, mis dos Inmas y yo viajamos a Praga y Viena, y en esta última ciudad, mientras nos acercábamos al Palacio de Belvedere, una joven guapa y alegre nos miraba y sonreía desde una valla publicitaria. Esa imagen apenas duró unos segundos porque los anuncios iban rotando, pero el rostro nos resultó muy familiar. Nos olvidamos de la chica al entrar en los jardines del palacio.

 

La volvimos a encontrar camino del hotel, justo a la salida del metro, y ahí sí, los tres supimos a quién nos recordaba. Era Susi, nuestra sobrina, aspirante a médico. Era idéntica, o eso creímos. Bromeamos y fotografiamos el panel justo antes que volviera a cambiar. Cuando estuvimos en la habitación,  después de una jornada agotadora (ya se sabe lo duro que es la vida del turista), aprovechamos el wifi indispensable del hotel y waseamos con Susana enviándole la foto con el consiguiente comentario: “¿Qué haces en Viena?”

 

Ahí  pude comprobar que la chica del anuncio no nos seguía con la mirada ni con la sonrisa en los labios porque ella ríe, junto a otras amigas que la observan, pero tiene los ojos cerrados. Un pañuelo en la cabeza la hace interesante y confundirse con mi sobrina. Pero no sabemos el producto que ofrece ni las frases que aparecen en alemán.

 

La encontramos de nuevo en un panel publicitario justo cuando nos marchábamos hacia el aeropuerto. “Mira, Susi también nos despide” y entonces, se me ocurrió invertir el pensamiento de mi sobrina y trasladarlo al de la chica austríaca que tanto parecido tenía con ella. Pensé que ignoraba que su doble está en otro lugar, un pueblo que ni siquiera sabe que existe. Supongo que al prestarse a posar para publicidad podría convertirse en un icono, sabía que sería observada por miles de viandantes y, algunos, como nosotros podrían bromear o filosofar con su imagen comparándola con otros rostros.

 

Al llegar a Málaga, mientras esperaba las maletas en la cinta transportadora temí que no aparecieran después de una larga espera, fantaseé con que un doble mío se había apoderado de ellas e incluso se había marchado con mi mujer y mi hija. Entonces oí las voces de ambas diciéndome que me había confundido de puerta y que ellas habían recogido el equipaje. Suspiré aliviado y cogí una de las bolsas.

 

 

                                                                                                              

ESCALOFRIOS EN AGOSTO

 

13.08.2016 Rafael Guardiola Iranzo Desde que me he despertado se agitan una y otra vez en mi cerebro recalentado dos estrofas de “Pido la paz y la palabra”, el descarnado libro de poemas de mi admirado Blas de Otero. Mi segundo órgano más querido, como diría Woody Allen, pide una tregua para no caer rendido antes de tiempo, como si el asedio lo protagonizase cualquiera de los grandes éxitos del verano del pasado siglo,paridos por la inefable Raffaela Carrà o el ínclito Georgie Dann. En cualquier caso, esta comparación me produce escalofríos y hace que me “espeluque” –como diría una entrañable amiga natural de Alozaina-, aunque se haga con voz queda y en esa intimidad que permitía al expresidente Aznar hablar en catalán. Dice el poeta: “Me llamarán, nos llamarán a todos./Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,/en tornos de cristal, ante la muerte./Y te expondrán, nos expondremos todos/a ser trizados ¡zas! por una bala./Bien lo sabéis. Vendrán/por ti, por ti, por mí, por todos./Y también/por ti./(Aquí/ no se salva ni dios, lo asesinaron.). ¡Vaya jarro de agua fría! No hay duda de que hoy me he despertado cual disciplinado budista, meditando una y otra vez sobre la fugacidad de la vida y la cruda realidad del sufrimiento que es norte de nuestra existencia.

 

Y es que la muerte puede llamar a nuestra puerta con su enorme guadaña sin mantener las ciceronianas reglas del decoro, como le sucedió el pasado 14 de julio a una mujer siberiana, decapitada cuando practicaba sexo demasiado cerca de las vías del tren y en estado de embriaguez. Eros y Thanatos se fundieron en una macabra y oscura danza, como si le quisieran dar la razón a Freud, y abortaron el “final feliz” para gestar una truculenta historia.  Para compensar, leo en la Red que la compañía aérea Flamingo Air permite a sus usuarios mantener relaciones sexuales en sus vuelos desde hace más de dos décadas (y yo con estos pelos). Actualmente y por 425 Euros, los pasajeros pueden disponer de un vuelo de una hora en una avioneta privada, separados por una cortina del espacio ocupado por el piloto, siendo agasajados con champán, chocolate, almohadas y sábanas ad hoc. La noticia no habla de la posible participación del piloto o la pilota en el evento. Yo prefiero no imaginármelo, porque ello me produce un vértigo tan invalidante como el que paralizaba al protagonista de la película memorablede Alfred Hitchcock encarnado por James Stewart.Una vez más, sexo y muerte van de la mano, aunque sólo sea como posibilidad, en forma de una fantasía digna del mismísimo Marqués de Sade.

 

Miedo me da compartir con ustedes esta canción “pegadiza” de tonalidad verde, después de haber tenido que declarar a finales de junio, como funcionario obediente, que no he sido “condenado por sentencia firme por algún delito contra la libertad e indemnidad sexual, lo que incluye la agresión y el abuso sexual, acoso sexual, exhibicionismo y provocación sexual, prostitución y explotación sexual y corrupción de menores, así como por trata de seres humanos”, de acuerdo con el artículo 13.5 de la Ley Orgánica de protección jurídica del menor. Aquí estoy, querido lector, sufriendo unos simbólicos escalofríos, con efecto retroactivo, en pleno mes de agosto, viendo peligrar mi derecho a la intimidad sin haber abierto la boca hasta ahora, sintiéndome desposeído  -como si tal cosa- de mi humana libertad, sintiéndome bajo sospecha como consecuencia de haber superado una oposición en tiempos ancestrales y tener un público adolescente, contemplando cómo proliferan las causas inquisitoriales y se multiplican los inquisidores a diestro y siniestro, y cómo los gestores del Estado –muchas veces sumido en las cloacas de la corrupción- se vanaglorian,con un cinismo superlativo,de ser fieles guardianes de la moralidad más estricta. No sé si podré conciliar el sueño esta noche pensando que alguien pueda señalarme con el dedo acusándome de exhibicionismo por escribir estas letras o despertar una sonrisa entre mis alumnos, aunque no use gabardina y lleve bien cubiertas las partes pudendas.

CARACAS Y MADRID.

 

10.07.2016 Joaquín Ramírez Iberoamérica, Hispanoamérica o Latinoamérica, siempre está presente en la vida de España. Cada exceso, cada crisis, cada noticia, tiene un especial eco en nuestro país. Se habla de “especiales lazos”, de vinculación cultural, de parentesco o de países hermanos. Lo cierto es que el golpe de estado en Chile, desde el asalto a la Casa de la Moneda, el asesinato de Allende y los avatares de la dictadura de Pinochet fueron asuntos que nutrían las noticias y el debate de nuestra vida diaria. Pasó lo propio con la dictadura argentina, y el grado de conocimiento de muchos personajes nefastos, militares y civiles, era muy alto, Videla, Masera… Antes de eso, Juan Domingo y Evita Perón fueron portada y objeto de atención de buena parte de nuestros compatriotas durante años y aún hoy. El general Stroessner protagonizó una de las más largas dictaduras de América -35 años- al frente de Paraguay y su nombre se convirtió en habitual como objeto de crítica política también en España. Cuba, cuya longeva dictadura es todavía más larga, fue la última gran posesión española y nunca hemos dejado de atender su actualidad de forma totalmente cotidiana. Las FARC colombianas, Sendero Luminoso en Perú u otros implicados en sucesos violentos o de terror fueron del conocimiento y atención de los nuestros en todo momento. Correa (Ecuador) o Evo Morales (Bolivia) son viejos conocidos. La llegada del movimiento Sandinista a Nicaragua, o la vida de Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, República Dominicana, Paraguay o Puerto Rico, también son y han sido objeto de interés y conversación. ¿Qué decir de Méxicoo Panamá?, por unas causas o por otras, el PRI, el presidente Fox, Peña Nieto o, en su día, el general Noriega… No, no es raro ni extravagante que en estos días Venezuela, con muchos de sus más importantes personajes, ocupe parte de nuestra curiosidad y debate. Carlos Andrés Pérez, conocido presidente socialista de aquel país, tuvo al final de su mandato mucho lío con la corrupción, aquí se habló de ello uno y otro día. Tal y como se ha hecho con Chávez –desde su llegada-, Maduro, Diosdado Cabello, el fallecido en extrañas circunstancias Fiscal Nisman, Henrique Capriles, Corina Machado, Leopoldo López, Lilian Tintori, el alcalde Ledezma, entre otros.

 

Si a todo ello añadimos que el modelo venezolano fue en numerosas ocasiones puesto como ejemplo a seguir por la muy emergente fuerza política de los Iglesias, Monedero, Errejón, Bescansa, Echenique, etc. a nadie puede ni debe extrañar que se hable de Venezuela y su estrangulamiento económico, democrático y social en medio del proceso político español.

 

La reciente larga campaña electoral, tras la disolución de las Cortes en octubre de 2015, ha intensificado las alusiones a la cuestión venezolana por la innegable importancia electoral y política de Podemos, por los documentos que prueban las muy pingües e inexplicables ayudas gubernamentales de Venezuela a la fundación CEPS u otros inexplicados cobros y papeles, la probada relación con el Régimen Chavista de los principales dirigentes podemitas, el agravamiento de las condiciones sociales y democráticas de aquel país, los presos políticos, las visitas de Felipe González, Zapatero y recientemente Rivera… El gobierno de España se ha interesado por las encarcelaciones de algunos de los principales políticos opositores, ha acogido a sus familiares y hasta ha concedido la nacionalidad española a algunos de ellos para facilitar sus movimientos y su incesante lucha contra la persecución y la injusticia. Hay doscientos mil españoles en Venezuela, las circunstancias de desabastecimiento e inseguridad de todo orden nos obligan a intentar atender y ayudar lo más que se pueda.

 

Y no, no es Venezuela modelo a seguir, como tampoco lo es su paradójico “referéndum revocatorio”, una figura jurídica inspirada por una mente perversa, aplicada parcialmente ya una vez de modo igualmente perverso.

 

La crisis y los aberrantes sucesos de corrupción nos han llevado a los españoles a escuchar algunos cantos de sirena en momentos de especial sensibilidad. Sin embargo, la senda de la Transición del 78 sigue siendo el más viable y mejor camino de nuestra democracia, con todos los inconvenientes y virtudes. Nunca nuestro país alcanzó un grado general de prosperidad social tan alto como el actual, ni nunca una Constitución ha durado tanto ni dado mejor resultado que la vigente; perseverar en el espíritu que su letra y realidad representan no debe ser una opción. A pesar de los problemas y de nuestra sociológica y tradicional tendencia derrotista, pueden tomar nota: el proceso español, su sistema y su orden constitucional, sí que son el modelo a seguir.

 

 

UNA TARDE DE JUNIO
 
09,07.2016 Antonio Villalba Moreno El día de mi santo, me eché una buena siesta después del partido de España. En apenas media hora de sueño profundo pude retroceder a los primeros días de mi llegada al Instituto de Torremolinos.
 
Estoy en mi sitio junto a mi primo Gerardo, no sé el motivo, pero todos mis compañeros me miran señalando mi rostro, es el de un hombre cincuentón, con canas incipientes y patas de gallo algo exageradas. Un rostro experimentado en un cuerpo de adolescente. Tengo la impresión de llevar un buen rato en esa situación, extrañado, pregunto a mis profesores de Literatura y Física de segundo de BUP quién soy, pero permanecen mudos.
 
Entonces, despierto sobresaltado por el ladrido de mi perro. Me levanto y siento que alguien se acerca a la puerta de entrada. Me aproximo y percibo que tiene un parecido sospechoso al director de mi colegio de siempre.
 
—Buenas tardes, busco al alumno que salió del Ciudad de Jaén antes de los ochenta. —Voy a contestarle pero no me sale la voz de la garganta. Él continúa hablando. — Tengo que decirle que si quiere dedicarse a la enseñanza debe tener una cosa en cuenta: que lo primero es el alumno. La empatía con él es primordial y si no está dispuesto a seguir esta premisa debe dedicarse a otra cosa en la vida
 
Intento gritarle que yo soy ese alumno que está buscando, intento decirle que me dedico a otros menesteres, no porque no esté de acuerdo con él, al contrario, mi sueño hubiera sido ejercer de maestro, sin embargo el destino es, a veces, caprichoso y te va llevando a otros lugares diferentes a tus sueños y tú debes adaptarte, pero reina el silencio en ese momento, no puedo articular palabra alguna y lo veo volverse hacia el final de la calle donde lo pierdo de vista.
 
Drako, se me queda mirando con ojos tristes y cansados, y yo le pregunto (ahora sí oigo mi voz) cuándo cree que comprenderé lo que estaba pasando aquella tarde de junio. Noto que intenta decirme algo, pero, obviamente, los perros no hablan, así que le acerco mi mano, él la lame, luego le masajeo la cabeza, mueve la cola y lentamente se va tumbando junto a mí para que no deje de acariciarlo.
 
Yo le sigo hablando.
 
—Drako, ¿tú crees que estoy soñando, o la vida es así de fantástica? ¿tú crees que el pasado puede volver al futuro para intentar explicar el presente?
 
Mi perro, mueve las orejas, se hace un ovillo y simula dormirse. Cojo la indirecta y me callo, paso la mano por su espalda. Lo agradece. Al cabo de un rato suena el teléfono. Es mi primo Gerardo, hacía tiempo que no hablaba con él.
 
 
 

26-J.ESPAÑA Y LA ENCRUCIJADA EUROPEA

 

26.06.2016 Rafael Guardiola En la viñeta firmada ayer por El Roto se afirma: “¿Qué es lo que votamos, si gobiernan los mercados?” Pienso que hoy, más que nunca, necesitamos un cambio de paradigma político que ilumine los actos de nuestros representantes. Habitualmente nos hemos dejado seducir por el paradigma del “gobernar”, convirtiendo a aquellos en dueños y señores de nuestra vida hasta la siguiente cita electoral. Pienso que no hay que obsesionarse con el poder que nos incita a gobernar, ni con el sistema caduco en el que se inspira la práctica de los ritos democráticos cuasi decimonónicos. El secreto está en “organizarse”, avanzar hacia la democracia directa y la autogestión gracias a las posibilidades del ciberespacio. Y todo ello haciéndolo desde la “sensibilidad” (no desde idealizaciones vacías y los corsés conservadores o revolucionarios) y teniendo como norte la habitabilidad del planeta.

 

Confío en que la Democracia española deje pronto de ser una mera idea platónica, para convertirse en una auténtica forma de vida, una fiesta a la que no están invitados ni los manipuladores ni los corruptos. Pensemos más en la cooperación y en la organización de nuestras potencialidades que en las miserias propias del gobierno, con independencia de quiénes sean los líderes de los Partidos de masas que aspiren al asalto del poder. Tan necesaria como la justicia lo es la alegría y la paz social. Y hace falta también cuestionar las políticas de austeridad que han ahogado al propio capitalismo.

 

Además, no hay que perder de vista que muchas cosas han cambiado tras el resultado del reciente Referéndum británico. Como nos recuerda Antonio Campillo, Catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia y Presidente de la Red Española de Filosofía: “Se abre ahora una gran encrucijada: o Europa cambia de rumbo y aprovecha la oportunidad para avanzar hacia la unión política, la democratización de sus instituciones y la recuperación del “modelo social europeo”, o corre un riesgo muy serio de precipitarse hacia a fragmentación, la renacionalización, la violencia xenófoba, el empobrecimiento colectivo y la autodestrucción del propio proyecto europeo”. Esta noche hay muchas cosas importantes en juego.

 

PLURALIDAD TELEVISIVA

 

19.06.2016 Pepe Cabrera Estos días en los que estamos inmersos pueden ser días de una felicidad sin parangón. Días en los que veremos cómo se nos prometen la creación de empleos con la misma facilidad que nacen las margaritas en el campo

 

A partir de estos días ya no habrá subida de impuestos, por el  contrario se nos prometerá una bajada de estos… para el año que viene o tal vez para el siguiente o para el otro… Se nos prometerá dichas incontables, sueldos y contratos dignos; fórmulas mágicas de inversión pública sin cargo a la deuda pública; una racional reforma educativa que se eduque en la crítica y no en el aborregamiento y lo más maravilloso de todo un país con la corrupción exterminada como se erradicó la viruela.

 

Un país idílico se nos propone estos días, sin duda, en el que todo problema del ciudadano será solucionado a cambio de nuestro voto y donde el partido político contrario es incapaz de ofrecer soluciones creíbles y realizables. Nos declararan con osado disimulo poco menos que de idiotas si no les votamos. Veremos aparecer todo tipo de bonanzas bajo eslóganes como: “ahora más que nunca, España en serio”, “Un sí por el cambio”, “Tiempo de acuerdo, tiempo de cambio” o “La sonrisa de un país”. Con esta tormenta de venturas no hace falta ningún tipo de receta curativa pues a partir de estos días, todas nuestras dificultades serán agua pasada.

 

Cabe preguntarse si hasta ahora se lo estaban tomando a broma; si el cambio que propugnan algunos pueda ser para peor; si los acuerdos van a ser como los obtenidos en la mini legislatura anterior o la tan esperanzadora sonrisa se pueda convertir en risa y ya se sabe: se puede llegar a reír por no llorar.

 

Por fortuna Dios aprieta pero no ahoga y con la diversidad televisiva tenemos la oportunidad de elegir no ver debates, noticias referentes a la campaña electoral, y no escuchar lo bien que lo van a hacer unos en detrimento del oponente político.

 

Pluralismo televisivo en cuanto a poder decidir no ver nada de todo esto y retrepado en el butacón más cómodo de nuestra casa delante de nuestro televisor disfrutar admirado de una buena serie o película, o mala da igual, el caso es tener la sensación de que lo que estás viendo en la pantalla se sabe de antemano que es una ficción y que por lo menos no se nos está engañando.

 

LA TARJETA POSTAL
 
04.06.2016 Antonio Villalba Moreno El pasado lunes se me ocurrió abrir el buzón de mi casa. Había publicidad de las centros comerciales cercanos, varios avisos de impuestos pendientes de cobro y ... ¡una postal! Me extrañé. Perdón, igual algunos lectores no saben o no recuerdan qué era eso. Sí, una cartulina con una fotografía por un lado y en el reverso la explicación de la imagen, un espacio para el sello y el resto en blanco para escribir un mensaje.
 
Hechas las oportunas aclaraciones comentaré lo que me ocurrió. Ya he dicho que me sorprendió, muy gratamente, porque me hizo retroceder unos años y recordé las primeras que envié, al menos desde el extranjero. Fue en 1985, aún no había llegado a la veintena de años y aquel verano me fui de interrail por Europa con dos amigos.
 
Hace algo más de treinta años remití varias tarjetas desde distintos países a mis padres, abuelos y amigos. Algunas llegaron después de mi viaje, como la que mandé desde Roma con una fotografía del Coliseo, en ella le decía a mi novia que tenía muchas ganas de verla y que le enviaba muchos besos. Nos reíamos los dos mientras la besaba en persona y la sosteníamos comentando la rapidez de Correos.
 
Ahora eso es impensable. La inmediatez impera en casi todo. Fotografías, mensajes y noticias llegan al instante. Llámenme antiguo, carca o como quieran hacerlo, pero yo echo de menos dosificar las emociones, dosificar las fotografías pensando en las 24 o 36 de cada carrete y por tanto, escogerlas de forma concienzuda. También la emoción del revelado, esas fotos en papel que veíamos varios días después, incluso semanas si el carrete quedó a la mitad y no se acabó hasta las siguientes vacaciones.
 
La celeridad de los correos electrónicos y, sobre todo, de los whatsapp no cuadran con la postal que encontré en el buzón, pero lo extraño fue que, cuando me senté en casa para contemplarla y leerla, me percaté que eran las Torres Gemelas. Me dio un vuelco el corazón al verlas enhiestas e intactas y recordé el acontecimiento que nos cambió la vida a todos.
 
¡Qué cantidad de sensaciones pasaron por mi cabeza! ¿Cómo era posible aquella incongruencia? ¿Era una broma de mal gusto que alguien quiso gastarme a destiempo? ¿Se habrían equivocado de dirección?
 
Estuve un buen rato observando aquella imagen y no caí en darle la vuelta y comprobar el remitente. Era de mi amigo Pepe, de visita en Nueva York, fechada en los noventa. Un sello de medio dólar estaba pegado y franqueado en el margen derecho y unas líneas manuscritas me saludaban desde el otro lado del Atlántico (y, ahora también, desde el pasado).
 
No quise averiguar el motivo por el que apareció en mi buzón, al contrario, agradecí tan grata sorpresa que me hizo agitar mis recuerdos y remover mis sentimientos. Así que busqué una chincheta y pinché la tarjeta postal en mi tablón de anuncios.
 

DESDE LA VILLA Y CORTE.EL SOL POR ANTEQUERA

 

29.05.2016 Joaquín Ramírez Fue el Infante don Fernando de Trastámara quien, a las puertas de la ciudad antequerana para su toma, a punto de cruzar un muy crecido río Yeguas, tomó la decisión de avanzar frente a las dudas de su consejo militar. “Salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera”. Desde entonces esta frase es una muestra de determinación en la que va implícita la asunción de las consecuencias de la decisión tomada. El 24 de septiembre de 1410 Antequera, hasta entonces inexpugnable, tras el asedio y una dura batalla, es entregada al que ya sería conocido como Fernando de Antequera, posteriormente elegido Rey de Aragón -1412-.

 

Hoy echar mano de esa frase es tan socorrido como necesario su significado, tomar las decisiones y asumir las consecuencias es tan esencial como seguir respirando. Cierto es que usamos muchas veces frases hechas cuyo origen ignoramos por completo. Pero, a poco que echemos un ligero vistazo a la historia y sus hechos, podemos encontrar el qué, el cómo y el porqué. Para aquella larga aventura de la “Reconquista” Antequera, por su situación geográfica, resultaba ser una plaza estratégica para la toma de Granada, que pondría fin al proceso.

 

Aquella España moderna en ciernes cumplió una etapa, el Infante don Fernando, que mandaba los ejércitos castellanos, fue poco después Rey de Aragón, tras el Compromiso de Caspe. La historia y las circunstancias políticas y militares de Antequera fueron determinante para podernos explicar el posterior reinado de los Reyes Católicos, la creación de la nación moderna y hasta el Descubrimiento de América.

 

Pero nuestro país está lleno de hechos sonados, nombres de batallas cruciales y puntos geográficos cuyo protagonismo e importancia quedaron para siempre en los anales, pero que la vida moderna ha hecho desaparecer su vigencia estratégica. Sin embargo, otros muchos –entre ellos Antequera- parecen predestinados a permanecer en la vanguardia de los acontecimientos adaptando su papel a las necesidades de los tiempos.

 

Después de casi 6000 años de historia, la vieja Anticaria romana, no sólo ha sido escenario clásico de hechos y contiendas, sino contemporáneo de pronunciamientos políticos y sociales. Situada en el centro geográfico de Andalucía, a cuarenta minutos del Mar de Alborán, Antequera en su auténtica capital logística debido a su conexión por autopista o autovía con todas las capitales del sur de España, así como por estar conectada también por el Tren de Alta Velocidad –ave-. Por eso hoy es el mayor centro de distribución de mercancías de una latitud que sigue creciendo en población, comercio e influencia.

 

Por si fuera poco, hoy Antequera aguarda la decisión para la declaración del Sitio de los Dólmenes de la ciudad como Patrimonio Mundial de la Unesco. Esta declaración de la catalogación Patrimonio de la Humanidad situaría –situará- a los Dólmenes de Antequera en el mapa de los grandes monumentos megalíticos del mundo, convirtiéndose en el primer bien de esta tipología declarado en la Europa continental.

 

No cabe en estas líneasla importante monumentalidad antequerana, pues su patrimonio cultural es de todos los tiempos. Dice la leyenda que al Infante Fernando la frase que le convenció para dirigirse a su conquista se la sugirió Santa Eufemia de Calcedonia, mártir cristiana a la que veneran las iglesias Católica y Ortodoxa, patrona de Antequera desde entonces. En la torre más alta de la ciudad, la Real Colegiata de San Sebastián, un ángel custodio tiene una reliquia de esta santa.

 

La historia, la arqueología, la tradición cristiana, la vida actual con todas sus conquistas tecnológicas y humanas, el arte y la cultura, todo está servido en esta antiquísima ciudad del sur que hoy afronta su futuro con brillantes expectativas. Es fácil acceder al conocimiento de la versátil e interesantísima ciudad. No hay que ir a Antequera a buscar las explicaciones, pero es mejor acercarse y comprobar que todas están allí.

 

 

 

LA VIDA NO ES TAN BELLA

13.05.2016 Pepe Cabrera Villalba “Empieza el juego. Quien no haya llegado ya no juega. Se precisan mil puntos. El primer clasificado ganará una vida nueva fuera de este camión. Menuda suerte. Cada día leeremos la clasificación, al último clasificado le colgaremos un cartel que dirá “asno”. Aquí en la espalda. Los de ahí fuera están en el equipo de los súper malos que gritan que te llevarán a un centro de internamiento de extranjeros sin caramelos, si te descubren. Quien tenga miedo pierde puntos. En tres casos se pierden todos los puntos: los pierden, uno, los que empiezan a llorar; dos, los que quieren ver a su mamá; tres, los que tienen hambre y piden la merienda.”

 

Este es un párrafo de la película “la vida es bella” de Roberto Benigni. La vida sigue siendo bella para algunos en Europa, como pasaba a principios de los 40 y cuenta esta película. Antes, hombres y niños hacinados en un campo de concentración alemán; hoy, y aunque salvando afortunadamente las diferencias, hombres y niños hacinados en campos de refugiados en Grecia y Turquía, estacionados  allí por la insensibilidad de una Europa que debería acogerlos de brazos abiertos. Distinta época, parecidas circunstancias, el mismo sufrimiento por culpa de lo inhumano de las políticas europeas de inmigración y acogimiento.

 

El problema de los refugiados de guerra e inmigrantes ilegales, no es un problema que la Unión Europea en este caso, asuma como propio más allá de lo puramente formal, esa formalidad que se traduce en dirigentes en rueda de prensa mostrándose dispuestos a hablar con otros dirigentes y a ver si la próxima semana, y sino la siguiente...se arregla el “problemilla”. Hace tiempo que el factor humano dejó de ser una prioridad en el lugar donde vivimos. Hace tiempo que aceptamos como normal que los dirigentes que cobran el sueldo de nuestro bolsillo despachen asuntos humanitarios con un “métalos usted en su casa” tan irresponsable como vomitivo.

La comisión europea habla ya de los refugiados como si fueran emisiones de CO2. Primero con lo de la cuotas y ahora se sacan la manera de que los gobiernos incumplan pagando un peaje para que los refugiados los acoja otro. Con una multa de 250.000€ de un refugiado que te toque acoger y que no acojas. La pagas y te exime de responsabilidad. Ósea pagar por escaquearse. Y hace unos días con la proposición de que las políticas de asilo  se deberían financiar con una combinación de préstamos e impuestos que contribuirían a cumplir objetivos climáticos de Paris. Idea discutible donde la haya, pues muy a nuestro pesar, poco tienen que ver el tocino con la velocidad.

 

Pertenecer a  Europa no es solo tener Euros en el bolsillo, es también ser solidario con la desgracia que está pasando en nuestras fronteras. No podemos mirar para otro lado. Hace tiempo recibíamos fondos europeos nosotros, ahora es a nuestro país conjuntamente con sus socios europeos a los que les toca echarles un cable  y ayudarles mediante planes de integración responsables en el que el factor educativo sea indispensable. La cuota de refugiados que tienen que recibir nuestros países europeos no son números, son familias, son niños, son personas. Hay que ser solidarios con la desgracia ajena.

 

Si las muertes de los que sufren el hambre y la guerra en esos países en conflicto o los que se ahogan intentando cruzar en una barcaza hacia nuestro continente hicieran bajar los índices Dow jones, Nikey o el Ibex35, hace ya mucho tiempo que no existiría el Día Mundial del refugiado. Pero este día tiene que existir, como si no se iban a exonerar las culpas y las vergüenzas de nuestros dirigentes políticos ante tanta desgracia e injusticia.

LA SOLEDAD SONORA DE LA LECTURA

 

                12.05.2016 Rafael Guardiola Todos aquellos que, por obligación o por devoción, frecuentan los actos académicos, como es mi caso, convendrán conmigo en que no es fácil hoy en día quedarse ensimismado por las buenas artes de un conferenciante, hasta el momento desconocido. Más aún, cuando son dos las ponencias seductoras, desprovistas del ropaje y la imaginería de las nuevas tecnologías, y éstas se suceden en el tiempo en la misma jornada. Esta feliz conjunción astral se produjo el pasado jueves 5 de mayo en el Salón de Actos de la ETSI de Informática y Telecomunicación de la Universidad de Málaga, con motivo de la reunión general de la Red de Bibliotecas Escolares de la provincia, a la que asistí como responsable de la Biblioteca del IES Jacaranda de Churriana. Son múltiples las voces que ya han mostrado su agradecimiento a la Administración Educativa por la sabia elección de los ponentes en el foro del que participamos los sufridos bibliotecarios, en sintonía con mis palabras. No voy a ser muy original por ello, como reclama el pensamiento posmoderno, pero sí pretendo ser justo. No en vano, ambas ponencias invocaron la memoria del checo Franz Kafka.

 

                En su conferencia titulada “Leer para qué”, el escritor, ensayista y filósofo residente en Túnez, Santiago Alba Rico, desgranó con pericia las tesis principales de su magnífico libro, Leer con niños, cuya primera edición data de 2007, pero que no ha perdido ni un ápice de actualidad. Nos habló de “cocina y lectura”, del tiempo infinito que dedicamos a la digestión y de las delicias que obra en nuestro cerebro el sabor de la lectura apelando al testimonio de Sor Juana Inés de la Cruz y a su propio tránsito diario por las dependencias de su vivienda en tierras lejanas. Santiago Alba nos invita a recorrer el espacio que va del estudio de su casa, donde impone su ley el divino ordenador gracias al que encadena sus pensamientos y desarrolla su intenso trabajo intelectual, hasta la lejana cocina, en la que el entendimiento cede paso a la elaboración de los productos perecederos destinados a la digestión. Entre el ordenador y la cocina ha erigido un monumento a la vida reposada en forma de sillón de orejas, a medio camino de todo, en el que se consagra a la lectura para no olvidar rápidamente en qué consiste vivir. Dice que es a Darwin al que suele leer en este tránsito, en este anacrónico monumento de la duración bergsoniana, del “tiempo vivido”, subjetivo, un continuo presente continuo que nos arroja fuera de las fauces del tiempo de los físicos, sea del tiempo absoluto de Newton, sea del tiempo relativo de Einstein. Santiago Alba confiesa que su lectura de Darwin es una especie de kantiano fin en sí mismo, pues su profesión no es la de biólogo, ni se acerca al libro para degustar sus sabores literarios, que los tiene. Lee para no olvidar rápidamente que está vivo, dado que nos encontramos en una sociedad de la destrucción generalizada, en la que lo producido hoy desaparece antes de seis meses, en el mejor de los casos, y perdemos su rastro. Saturno devora a su hijo con una velocidad de vértigo en el estado de guerra permanente que marca la sociedad del consumismo delirante y el imperio arrollador del mercado y el “valor de cambio”, hasta el punto de que el ocio se ha proletarizado, se prepara para ser digerido y reducido a un pestilente detritus.

 

                Para Santiago Alba, en nuestras sociedades industriales avanzadas –es un decir- ya no hay cosas, ya no hay objetos, sólo mercancías. El usurero Shylock del Mercader de Venecia de Shakespeare se frotaría las manos simplemente con el roce de semejante idea. Los objetos que no han sido desnaturalizados nos suelen devolver una imagen especular que nos convierte en sujetos, en protagonistas de nuestro tiempo. En los objetos –sean artefactos, como un libro, o de carne y hueso, como un niño- podemos fijar nuestra mirada, pueden llamar así nuestra atención y volverse interesantes. Los objetos son auténticos archivos de la memoria y encierran el misterio del proceso de su elaboración o aparición. E incluso se mueren y podemos asistir a sus estertores. Pero esto no pasa con las mercancías, que desaparecen rápidamente de nuestra vista, que mueren anónimamente aquejadas por el mal de la obsolescencia programada o la voracidad del intercambio ventajoso que, según los calvinistas, revelaba la ansiada salvación tras el Juicio Final. Y en lugar de la imagen del Tío Gilito de Disney, nadando en el océano de sus billetes y monedas relucientes, el presente nos devuelve la del cretino bronceado Donald Trump, un adalid de la digestión a gran escala y de la ley del Oeste. Nuestra amada sociedad civil languidece y ve cómo se atrofian la razón, la memoria y la imaginación de los ciudadanos. La propuesta de Santiago Alba es simple y revolucionaria: hay que leer para recuperar y conservar, para reconquistar nuestro presente, el tiempo como duración, para distanciarnos de lo que nos aliena y embrutece.

 

                “La pasión de leer” fue el título del segundo regalo de la mañana y su artesano, Antonio Basanta Reyes, Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, un ponente que transmite un entusiasmo y un cariño inconmesurables, casi lascivos, dignos de la mismísima Sherezade. Comparto con Antonio Basanta que la lectura es un acto de rebeldía, un ejercicio de soledad sonora que se modula con el propio devenir de nuestras mortales existencias. Ya es hora de proclamar las virtudes de la actitud lectora ante la vida, para que se instale definitivamente en nuestras meninges y recoja el testigo del grito descarnado de Kant, “sapere aude”. La lectura crítica, reflexiva, nos permite observar sin ser ingenuos, interpretar lo que acontece y comprender profundamente hasta lo incomprensible. Gracias a la lectura podemos, incluso, llegar a ver con el corazón. Eso es lo que hizo Franz Kafka, ya muy herido por la tuberculosis, cuando fue capaz de hacer que una niña olvidara la pérdida de su muñeca más querida creando una historia para ella durante dos semanas a través de unas cartas imaginarias, cartas que compartieron, felizmente, en un parque berlinés.

LA MAGIA DE LA AMISTAD

 

24.04.2016  Rafael Guardiola Iranzo Es para mí un honorhablar del talento que atesoran las páginas de La magia de los días,la última novela del centauro y mago Antonio Báez Rodríguez, un aprendiz de brujo nacido en Antequera hace unos cuantos años, un tenaz profesor de Cultura Clásica con el que compartí más de quince años en el IES Jacaranda de Churriana, y que ha sido publicada con esmero por la Editorial Talentura. Como pueden observar, las palabras no son gratuitas en todo esto.

 

El olvido, como envés de la memoria, es el protagonista de la primera novela de Antonio Báez, publicada en septiembre de 2011 también por la editorial Talentura y titulada La memoria del gintonic. Desde que apareció su primer libro de relatos, Mucha suerte en el año 2008 (narrador.es), Antonio Báez ha publicado también Griego para perros, en la editorial Sabara (2012), libro que concibe como un “híbrido de relatos, microrrelatos y novela”, y ha colaborado con cuentos y microrrelatos en antologías como Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012), Velas al viento. Los microrrelatos de la nave de los locos (Cuadernos del vigía, 2010), y en Blogs de papel (Editores Policarbonados, 2009). Numerosas son también sus publicaciones digitales y meritorio su Blog cuentosdebarro.blogspot.com, que mantiene desde

el año 2007, y que fue nominado como mejor Blog de creación por la Revista de Letras en el año 2011.

 

Como Adán, el protagonista de la novela, mi amigo Antonio Báez es “un detective de vidas ajenas” especialmente dotado para la ironía agridulce y para suscitar en el lector una cascada compleja de emociones sencillas, como hacía el feo Sócrates, al parecer, cuando ejercía el oficio de partero intelectual en los mercados atenienses y con la sinceridad y descaro de Diógenes cuando se masturbaba con fruición en el ágora ante los ojos bienpensantes.

 

Me gusta pensar que La magia de los días se ha sumergido, alevosamente y sin permiso, en la noble tradición de la novela filosófica que tanto agradaba a los ilustrados del siglo XVIII. Me gusta imaginar a Antonio Báez convertido en un Voltaire malagueño, desayunando cien ostras regadas con una botella de champagne, tras una agitada y sudorosa noche de placer carnal. Me gusta ver a Antonio Báez travestido como una Penélope seductora y sin depilar, tejiendo la urdimbre del relato de millones de Ulises tuertos, curiosos y erráticos, movidos por el deseo de hacer magia, sonriendo a la nada, al vacío de nuestra existencia mortal. Como sucede en el ingenioso cuento de Voltaire de 1767 que lleva por título Cándido o el optimismo, el relato del que nos ocupamos tiene un final abrupto. Todo acaba “como si no hubiese pasado nada”. Parece como si no tuviéramos razón alguna para atormentarnos pensando en las desgracias que aparecen a lo largo de la vida, de una vida marcada por el dolor, la fatalidad y el vértigo paralizante. Un tema recurrente del Cándido de Voltaire y de La magia de los días es la sucesión y acumulación de calamidades que acontecen, con la sombra del destino inexorable como telón de fondo y horizonte vital. Por otra parte, no hay que olvidar que Cándido y Adán comparten en su viaje a lo largo del gran teatro del mundo la misma motivación: la ingenuidad y la capacidad de asombro.

 

Mi amigo Antonio es un consumado aficionado a los viajes exteriores e interiores, es un testigo de la magia que llueve con los días, pero no es precisamente un estoico como el protagonista de su novela. Me gusta pensar que es un cínico diplomado. Se rebela corriendo y dando gritos cuando la ciudad duerme, y buscando vivos entre las tumbas de los cementerios. Definitivamente el emperador Marco Aurelio no tiene razón: no hay que abstenerse del placer ni soportar el dolor. Para vivir bien basta la magia. Mi diagnóstico filosófico es simple: Antonio Báez se ha encontrado de frente consigo mismo, jugando a ser un detective de vidas ajenas de la mano de Sócrates, Diógenes y Marco Aurelio y, de paso, nos ha mostrado el valor terapéutico que la literatura tiene en momentos de crisis.

 

La magia de los días consta de dos partes perfectamente ensambladas por un centauro irreverente, aficionado a tejer historias verosímiles con un realismo pedestre, casi de sopa de picadillo, gazpachuelo o porra antequerana, con ribetes aristocráticos, que gusta de provocar mágicas sorpresas en el lector bien temperado. La primera abarca un conjunto de relatos (“El magnetofón”, “Insomnio”, “Hospital”, “Cumpleaños” y “Ven, Capitán Trueno”), y la segunda, comprende  la novela La magia de los días, que aparece como el fruto de una conversación mantenida por el autor del relato y Adán, su protagonista, durante veinte años. Sólo nos queda ceder la palabra, al autor de La magia de los díaspara que tenga a bien revelarnos el secreto de alguno de sus trucos. Que ustedes lo pasen bien.

 

UNA NUEVA HUMANIDAD

 

  22.03.2016 Rafael Guardiola    Jordi Casas, el experimentado director titular del Coro de la RTVE y de la Gran Misa en Do menor, K427 de W. A. Mozart,  que tuve el placer de saborear el pasado sábado 19 de marzo en el Teatro Cervantes de Málaga, ignora el atávico poder que le he atribuido a sus nobles gestos. No es consciente, sin duda, de la inmensa metáfora auditiva que dibujó en el espacio y ha obrado como dulce lenitivo para calmar la desazón que me han provocado las serias noticias de hoy, los insensatos atentados de Bruselas, no menos dolorosos que los que han azotado recientemente a las tierras turcas.

 

      Jordi Casas abrazaba, una y otra vez, casi maternalmente , a los intérpretes del elegante rito expiatorio de Mozart. En una carta a su padre de enero de 1783, Mozart confiesa que su Gran Misa es fruto de una amorosa promesa y se eleva como un imperativo moral: hace votos por la pronta recuperación de Constanza, su esposa, y ofrece una oda a la belleza, finamente engarzada, implorando a un ser omnipotente para que la salud retorne a su compañera y pueda ésta cantar los poéticos somos de la obra, como así hizo finalmente en octubre de 1783. Mozart no compone aquí por encargo, ni se obstina en trascender la maestría de las obras sabrás de Bach, sino que se entrega, a mi entender, a la exploración sincera de las posibilidades cósmicas y matemáticas de la música gracias a la iluminación de la orquesta y el coro a solas, a solas con su corazón, con la libertad del singular acto creativo, y con un libidinoso sentimiento de piedad hacia el que sufre como un masón tan ejemplar al estilo de Haydn.

 

       Jordi Casas tiene una estatura discreta, pero sus manos maternales mueven multitudes. Sus brazos nos protegen del gris resentimiento de los nietzscheanos animales de rebaño, de la moral contraria a los impulsos naturales, que abrazan -con brazos bien diferentes- los amantes suicidas de Thanatos. Estos últimos se han empeñado en renunciar a su humana excelencia, cercenando la paz y la partitura viral de los que, tal vez ingenuamente, albergamos ciertas esperanzas de comunicación y entendimiento planetarios.  La profunda oración de Mozart y el abrazo sincero de Jordi Casas, son el camino de una vieja "nueva Humanidad".

 

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